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Región  |  29 junio de 2020  |  12:00 AM |  Escrito por: Edición web

La cultura yipera nació con la tradición cafetera del Quindío

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Miguel Ángel Rojas Arias

Fotos de Orlando Quiceno

El Congreso de la República aprobó la Ley que crea la Cultura Yipera y declara el Yipao como patrimonio cultural de la nación. Pero, ¿qué es el yipao? Aquí se lo explicamos

La palabra yipao no existe en el diccionario de la Real Academia Española. Es un barbarismo que proviene del vocablo jeep, un tipo específico de vehículo, el cual se carga en forma exagerada. Son muy comunes los yipaos de montañeros, de plátano, de yuca, de café, o el popular yipao de corotos.

El jeep Willis es un vehículo tipo campero fabricado en los Estados Unidos con destino a la guerra. Culminadas la segunda guerra mundial y la de Corea, los norteamericanos se vieron inundados de estos carros y empezaron a venderlos muy baratos a los países del tercer mundo, entre ellos Colombia. Son vehículos livianos con carrocería pequeña, hechos para atravesar campos destapados, sin pavimento, caminar montañas rocosas, desiertos repletos de dunas, selvas pantanosas.

En Colombia fueron importados por don Leonidas Lara y sus hijos, especialmente con destinación al Ejército, pues venían provistos de los elementos suficientes para la guerra. Al Quindío fueron traídos por los señores Antonio Jaramillo y Joaquín Londoño, que tuvieron los servicios del conductor Mario Jaramillo Arango, primer hombre que entró a la ciudad manejando un jeep Willis.

En esa época, años cuarenta, lo único que había pavimentado en Armenia eran una parte de la calle de Encima y un pedazo de la Calle Real. Lo demás, en el Quindío, incluyendo todas las carreteras veredales e intermunicipales eran unos caminos de herradura que en invierno se volvían intransitables por la acumulación de fango.

El Jeep de don Joaquín Londoño, piloteado por don Mario, resultó perfecto para andar esos caminos, y mientras más carga llevara, se comportaba mejor. Se veía trepar las lomas de Calarcá repleto de campesinos que iban a coger café a las fincas. Un día, alguien le preguntó a don Mario cuántos hombres recolectores cabían en un jeep, y él contestó: “todos los que puedan poner su dedo gordo del pie en el piso del carro”.

Pero mucho más sorprendente era verlo transportando bultos de café. O cargado de racimos de plátanos. Sólo se podían contar cuando los bajaran, porque nunca se estaba seguro cuántos transportaba. Los Willis servían para todo, pero uno de sus más recurrentes trabajos fue transportar los corotos de la familia campesina de un lado para el otro. Allí cabían las camas, los colchones, los muebles de la sala, las bancas del comedor, las cobijas, la ropa, la silla mecedora, los tiestos de la cocina, los materos, la jaula con las gallinas y los pájaros, el marrano, el perro, el gato, los retratos de los abuelos, la bacinilla, el cuadro del sagrado corazón de Jesús, y en fin, todos aquellos trebejos y bártulos que se tenían en la casa se encaramaban en el jeep, incluyendo la pareja de campesinos con sus hijos. Todo lo que cargaba el jeep iba al aire libre, sin ser encapsulado en una carpa o cualquier otro elemento, y esa era la gracia que se concedía.

El jeep Willis ayudó al campesino en su lucha contra la montaña. Hizo los caminos, penetró la selva pantanosa y forjó la economía regional transportando los productos agrícolas y los hombres que los producían. Por tal razón, el yipao está directamente asociado con la cultura cafetera, hace parte integral de ella.

Los parroquianos empezaron a utilizar en su vocabulario el nombre de yipao para significar una cantidad de producto que querían comercializar. “Le vendo un yipao de plátano que traje de la finca”. “Le compro un yipao de yuca chirosa del Quindío para llevar a Bogotá”. “Tráigame un yipao de recolectores de café para ésta cosecha”. “Tengo un yipao de café para vender en Armenia”. Así, el nombre se popularizó y para nadie que viviera en el Quindío era extraño el vocablo.

Los creadores del Desfile del Yipao

Tuvieron que pasar 50 años para que alguien reconociera en estos vehículos y su carga una expresión típica de la región. En 1988, cuando la ciudad de Armenia estaba ad portas de cumplir sus primeros 100 años de fundación, el publicista John Jaramillo Ramírez propuso la creación del Desfile del Yipao, y lo clasificó en cuatro categorías: café, productos agrícolas, transporte humano y trasteo o transporte de corotos. Las calles de Armenia se vieron inundadas de los más hermosos yipaos nunca antes vistos juntos, llevando en sus carrocerías la creatividad y el trabajo productivo de una raza.

Un año después, se habían creado concursos de Yipaos en casi todos los municipios del Eje Cafetero, Norte del Valle y hasta en Valledupar, la tierra del vallenato en la costa norte de Colombia.

Es tan importante esta tradición que – a partir del concurso- el yipao se volvió un artículo de artesanías, en obras de arte, fue objeto de poemas y canciones que los vinculan con la posteridad.

Toda esta tradición cobra mucha más importancia ahora, por la decisión de protegerlo como patrimonio cultural de la nación, a través de una ley promovida por los congresistas del Quindío. A la ley solo le falta la sanción presidencial y se espera que ella refuerce la declaratoria de este territorio del Paisaje Cultural Cafetero como patrimonio de la humanidad, lo que hizo hace 9 años la Unesco.

El yipao sigue incólume. A pesar del modernismo, en Armenia y en casi todos los pueblos del Quindío, se pueden apreciar pavoneándose por los caminos rurales y por las calles, como una expresión auténtica de nuestro folclor y nuestra cultura cafetera.

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