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Columnistas  |  27 noviembre de 2021  |  12:00 AM |  Escrito por: Jimena Marín

OBLIGATORIEDAD DE VACUNACIÓN SÍ, PERO NO ASÍ

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Jimena Marín

Por Jimena Marín Téllez

Parece ser que la tendencia mundial es imponer la obligación de vacunación a través de la prohibición de participar en actividades sociales a los no inoculados. En Colombia, desde hace unos días, el presidente Duque dictó que quien no estuviera vacunado no podría entrar a establecimientos públicos. Desde el sábado pasado me han pedido el carnet para entrar a restaurantes, centros comerciales y supermercados.

Esta nueva directriz de los gobiernos tiene tantas aristas que no hay posición absolutamente correcta, pues entran a reñir distintos derechos. Elegir la obligatoriedad vs. la libertad dependerá de lo que cada uno considere correcto y prioritario.

Hay muchas personas que se oponen a la imposición forzosa de la vacunación por ser antivacunas, alegando que no consideran que la vacuna sea segura y que el Estado no puede imponerles algo que les puede hacer daño. Este derecho que alegan estas personas es el de la libre determinación de la personalidad y a la inviolabilidad del cuerpo. Es una posición fuerte que, en otros tiempos, defendería. Nadie debería ser obligado a ingresar a su cuerpo algo que riñe con sus creencias, como es el caso de los testigos de jehová que se niegan a la transfusión sanguínea.

Sin embargo, estos no son tiempos comunes. Estamos en una circunstancia excepcional que merece medidas excepcionales. En este caso de los antivacunas, su derecho a la libre determinación riñe con un derecho de mayor envergadura que es el de la vida de los demás conciudadanos. La dificultad se presenta porque una persona no inoculada puede poner en riesgo a muchísimas personas, por lo cual, en mi opinión, se justifica la vulneración de su derecho a la libre determinación o a la libertad, en pro de salvaguardar los derechos de los demás.

Hay otras personas que, no siendo antivacunas, argumentan en contra de las sanciones sociales a los no vacunados por ser una forma de injerencia estatal desmedida, al limitar las libertades de las personas. Estas personas, aunque tienen la razón, están observando la situación desde un punto de vista más teórico y menos práctico. En este caso la practicidad nos lleva a que la única forma de salir de esta pandemia es que todos estemos vacunados. Sin eso, las libertades de todos, incluyendo de los no vacunados, se seguirán viendo limitadas de una u otra manera. Es decir, le están dando prioridad a la libertad inmediata de uno o algunos individuos por encima de la libertad futura de toda la colectividad. Esto es, por lo menos, poco racional.

Por último, hay personas que argumentan que exigir el carnet de vacunación generará pérdidas millonarias a los comercios. Sin embargo, aunque esto probablemente será cierto al principio, la verdad es que esta consecuencia es lo que precisamente se busca evitar con la imposición. En la medida en que más personas decidan vacunarse porque no pueden entrar con su familia a un restaurante o a un supermercado, más clientes habrá para los establecimientos de comercio. Mas aún, su negocio se reactivará con más fuerza, pues todas esas personas que dejaron de salir a comer con su familia lo volverán a hacer. Las pérdidas de los comercios son temporales y beneficiosas a largo plazo.

Entonces, en conclusión, estoy de acuerdo con la imposición de tales medidas porque, a diferencia de los aislamientos y cuarentenas, esta restricción de libertad es algo que está bajo el control de cada persona. Por lo tanto, no es una limitación desmedida e irracional.

Sin embargo, hay algo que debe mejorar para que la obligatoriedad de la vacuna sea completamente válida: la falta de organización en la vacunación es absoluta.

Hace unos días fui a ponerme la vacuna de moderna y tuve que ir varias veces, pues no me dejaban elegir la vacuna que yo quisiera, sino la que me tocaba. Esto nunca pasaría en un país rico, donde la oferta de vacunas es infinita y es posible reservar la marca desde el momento mismo de la reserva de la cita. Colombia debe implementar un sistema que permita que las personas elijan, sin restricciones, la vacuna que quieren.

Adicionalmente, hay filas infinitas, en las cuales las personas no vacunadas se apilan como en tiempos pre-pandemia. Para una persona con miedo de contagiarse, una fila de este tipo seguro parecerá inconcebible, lo que probablemente está impidiendo que muchos asistan a los centros de vacunación.

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