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Cultura  |  03 mayo de 2020  |  12:00 AM |  Escrito por: Rubiela Tapazco Arenas

Bitácora de Renzo Vel en cuarentena: Notas para Robín Rut

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Bitácora de Renzo Vel en cuarentena: Notas para Robín Rut

Un texto de Luis Carlos Vélez.

Tardé en enviarle estas notas porque esperé a que Renzo enviara su tercera bitácora. En la segunda encontré motivos para estas notas. No creo sean descuidos involuntarios, sospecho que leyó mis notas a su primera bitácora, y para evitar momentos desagradables entre nosotros optó por “incurrir” en ellos. De ser así acepto su buen tacto. Como usted sabe que también vivo la presión del aislamiento, y puedo como cualquiera, perder el control, por favor disculpe mis “arrebatos” en la nota anterior.

Robín: recibí por celular varios comentarios de amigos. Dos audios, cinco mensajes de texto, y una llamada. Encontré opiniones que coinciden. Le transcribo un audio, y un mensaje que aclara en parte la solicitud del audio, y dejo para otra ocasión los mensajes curiosos, que estoy seguro Renzo los leerá o conocerá tarde o temprano. Ese envío depende de que Renzo escriba su cuarta bitácora. Anticipo que, según sus autores, hay quienes dudan de nuestra existencia.

Audio de Fernando Luis: “Buenos días, amigo. Quiero comentarle que no conozco al autor de las bitácoras, pero como no tengo referencias de Vila-Matas y sus obras, me quedo en la periferia. De todas maneras felicite a Renzo de mi parte, si en realidad existe. Sería bueno que él o alguien enviara una nota sobre meta-literatura”.

Mensaje 1 de Carlos Ferdín: “Me gusta el escrito de Renzo, pero creo que debe pensar en el tipo de personas que lo leerán. ¿Cómo se le ocurre publicar sin antes enviar una aclaración sobre lo que es meta literatura? Aunque antes la escribió Miguel de Cervantes, cuando en la primera parte, el cura y el barbero comentan en biblioteca de Cervantes, sobre el autor de Don Quijote; es decir, me parece que el autor de Renzo Vel al incluir citas de otras obras, crear un personaje que envía notas a quien publica las bitácoras, y entrometerse con sus opiniones en el contenido de Bitácora de Renzo Vel en cuarentena, hace meta-literatura”.

Robín: el mensaje me lleva a pensar que mi amigo Carlos Ferdín cree que Renzo y yo somos la misma persona. Usted sabe, conoce que no soy escritor, y tampoco conozco al autor de las bitácoras, o ¿por lo anterior también piensa que no existimos?

Quedo a la espera de la tercera bitácora para añadirle estas notas, y enviarla.

Cuando daba por perdido el rastro de Renzo, ayer 31 de marzo recibí esta bitácora, y antepuse mis notas:

BITÁCORAS DE RENZO VEL EN CUARENTENA (3)

Marzo 30/2020

5:15 a.m.

La noche anterior Renzo sintió bajo las cobijas el calor de Marisela. Hizo el balance del día anterior, entendió que no debía continuar en compañía del doctor Pasavento ni llevar la corriente a Vila-Matas en su deseo obsesivo por desaparecer y morir como Robert Walser. Decidió suspender la lectura por unos días, terminar por televisión el capítulo que narra la aventura de la médica Claire Fraser en Jamaica; buscar información en Google sobre Diana Gabaldon, la autora de Outlander. Planeó nuevas tareas, aumentar en cinco sus caminatas desde su ventanal de Samsa hasta el muro del lindero vecino; escribir nuevos borradores, y corregir textos archivados. Hasta pensó despertar del silencio a su guitarra que duerme desafinada en el zarzo. Hasta vencerlo el sueño, planeó, imaginó, se propuso otras actividades.

5:20 a.m.

Renzo se levantó a mirar por el ventanal de Samsa las nubes oscuras, e imaginó la incertidumbre de K ante el muro de El castillo. Se preguntó si lograría cumplir lo planeado, cambiar la que consideraba su cuarentena kafkiana. Se alegró de esperar en casa, y no fuera del castillo como K. Cuando comparó su casa con el caparazón, y el interior del bicho creado por Kafka consigo mismo, sintió que ambos eran cautivos. Que ahora abrir la puerta de la calle no significaba salir al mundo, sino entrar en él.

Antes de ir a la cocina, inquieto por sus pensamientos extraños, cubrió con la cobija a cuadros las piernas desnudas de Marisela. Buscó allá y allí hasta encontrar las cerillas. Calculó el trozo de panela, y celular en mano esperó en la sala el olor a panela hervida. Reviso mensajes con o sin sentido, mensajes terroríficos, desatinados. Desechó aquellos que consideró información dudosa. Escogió los mesurados, y dos o tres de valor científico. Se alegraba de ver corazones, leer frases optimistas, y apenas tuvo tiempo de seleccionar el audio video enviado por Marino Ramir, su amigo de Caicedonia, porque el olor de la olleta lo volvió a la realidad.

7:15 a.m.

En la mesa Renzo saboreó el desayuno puesto para dos. Participó a Marisela sus nuevos propósitos para el día, y se alegró de que pidiera meter la ropa lavada en los ganchos de colgar. Renzo aceptó y piropeo: “¡Oh, qué bello día! Qué no haría por una mirada de tus lindos ojos verdes”. Marisela dejó la silla, y refunfuñó fingiendo indiferencia: “Lo dices porque sabes que a veces me gustan tus frases de tonta coquetería”. La mano de Renzo alcanzó a palmearle las nalgas antes de que levantara los platos y empezara su trasteo en la cocina. “Ya, ya, quieto con esas manos…”. “Te ayudaré en otras cosas”, dijo Renzo, dispuesto a cumplir la tarea pedida y no se disgustó cuando Marisela aprovechó: “Cariño, ¿me ayudarás a barrer, trapear, y tender la cama?”. Renzo hizo un gesto de resignación y aceptó porque entendió que gracias a la cuarentena aprendería cuánto cuesta poner orden en la casa.

8:43 a.m.

Terminadas las tareas, Renzo, seguro de vencer la tentación de Vilas-Matas a desdoblarse, dejó el libro Doctor Pasavento en el sofá, fue hacia la cama, ignoró los nuevos mensajes en el celular, pero buscó el vídeo enviado por Marino.

La pantalla desplegó una mano con un marcador, que acompañada por una voz de mujer, colocaba nombres sobre unas figuras: Epícteto, Séneca, y Marco Aurelio; y abajo sus oficios: esclavo, político y emperador. Bajo la línea que dividía en dos la imagen aparecía un muñeco con la palabra “Feliz” colgada al cuello.

Decidido a tomar apuntes, escuchó paciente hasta el final. Devolvió varias veces la línea blanca que indicaba en minutos y segundos la duración del audio. Tantas veces como cayó dormido, ésas mismas reinició el audio-vídeo, pero…

12:25 p.m.

Lo despertó la voz de Marisela llamando al almuerzo. Para no desmentir la validez del piropo, Renzo se ofreció a lavar los platos. Cerró el grifo, y durmió la siesta con Marisela al rincón de la cama.

3:02 p.m.

Al despertar y no hallarla comparó el tiempo que debió dormir el hombre junto al dinosaurio del micro cuento de Monterroso, con los días que debían soportar la cuarentena. De un salto se levantó a su caminata diaria del muro al ventanal de Samsa.

3:55 p.m.

Dispuesto a concluir y resumir el contenido del audio video, de nuevo tomó el celular y concentró su atención. La voz narró que Epicteto, Séneca y Marco Aurelio, aunque pertenecieron a distintas clases sociales hicieron parte de la escuela filosófica de los estoicos. Que sus enseñanzas sobre qué cómo y qué valores seguir en la vida para ser feliz, todavía resistían el paso del tiempo. La mujer del audio nombró cinco claves para “maximizar la felicidad y vivir sin preocupaciones”.

Renzo, seguro de que necesitaba aprender del estoicismo, buscó el lápiz, y la libreta de apuntes, y a medida que leía, escribió en primera persona del singular:

en lo que tengo control, y despreocuparme de temas sobre el estado, el tiempo, la política, y la economía del mundo, porque nada puedo hacer para cambiarlas. Mejor las utilizaré los esfuerzos en obtener mis metas. Preguntarme cómo y qué hacer para obtenerlas. Si mi respuesta es negativa no me preocuparé; positiva, actuaré sin preocupaciones. Si Epicteto dijo que solo hay un camino a la felicidad, dejaré de preocuparme por las cosas que están más allá de mi voluntad, y hacen inútil todo esfuerzo. ¿Qué puedo hacer contra la pandemia? Nada. Cumplir la cuarentena. El miedo es para todos, evitar el pánico significa tomar el control, y asumir un sano estoicismo.

“En mi situación de aislamiento buscaré cómo practicar con Marisela y mi hijo Alexis, la bondad, la honestidad, la prudencia, la templanza, la fortaleza, la justicia, y las buenas relaciones familiares, virtudes aconsejadas por los estoicos. Trataré de practicarlas según mis posibilidades. Tendré claro que según los estoicos, la sabiduría, el conocimiento, ayudan a desterrar los errores originados por ignorancia”.

5:32 p.m.

Renzo, dispuesto a repasar otro día sus apuntes, dejó la libreta y fue al televisor. Al ver en la pantalla cómo las salamandras, las arañas y serpientes cavan las arenas del desierto en busca de refugio para escapar al sol que amenaza achicharrarlos, agradeció la inesperada similitud, y se felicitó de acatar sin remilgos la orden de no salir de casa. Apagó el televisor. Desde el ventanal observó al niño vecino que se divertía correteando a su perrito. Sintió envidia y recordó su infancia: la abuela Mariana lo ayudó a bañarse para su primer día de escuela; lo peinó con raya al lado izquierdo, y desde la calle, Renzo vio la mano de la abuela tras el vidrio de la ventana, despidiéndolo. Cuando hizo pausa en los recuerdos notó que el niño, cargando al perro, hacía rato esperaba su atención para despedirse con su mano libre. Renzo lo vio correr hasta perderse en la esquina, y dejó el ventanal.

6:07 p.m.

Renzo, luchando con la nostalgia, terminó por fin la revisión de varios textos-borradores de antes de la cuarentena.

9:20 p.m.

Marisela, en sus últimos afanes del día, llevando o trayendo objetos, entró y salió de la cocina, cruzó una y otra vez por la sala, subió y bajó ropa del segundo piso, y de pronto desapareció de la vista de Renzo.

10:09

Renzo encendió el televisor para ver Outlander. Operó el control para buscar en “Más capítulos”. Al leer el título “En el ojo del huracán”, notó que era el último de la tercera temporada… Sintió sueño y prefirió ver otro día ese capítulo. Acompañado de recuerdos entró a oscuridad de la alcoba, donde Marisela hecha un ovillo, hacía rato entibiaba las sábanas.

Mi nota final, Robín Rut:

Observe usted que si Renzo agregó una “s” a Bitácora, es posible que recibamos al menos una cuarta. ¿Cuándo?

cuando preparaba el envío, recibí este mensaje de Renzo: “Esperen algo alusivo”.

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