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Cultura  |  02 mayo de 2020  |  12:00 AM |  Escrito por: Edición web

Entre el Coir y el Cour: “todas las voces todas”

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Por Libaniel Marulanda


A Héctor Buitrago,

La altura del andamio metálico y algunos árboles abajo, le hicieron evocar a Álex Gómez la escena de la ciudad de hierro en Marcelia, su pueblo. El recuerdo fue adobado por el sonido de saxo tenor que, reiterado en su memoria, atacaba In the mood. Las banderas rojas a sus pies, empequeñecidas por la distancia pero que sobredimensionaban el fervor y el tamaño de la manifestación, le parecieron de una simple grandeza: “son un mar de esperanzas proletarias” –pensó conmovido-.

El hilo de su nostalgia fue cortado por uno de sus compañeros, quien le pidió su autorización para invitar al improvisado escenario a un par de jóvenes hermanos que asistían a la concentración y pretendían una oportunidad para cantar algunas canciones. Álex Gómez expresó su apabullante negativa a la petición.

Siguió la marcha en su desfile de evocaciones y se detuvo en el episodio que cimentó su fama, proveniente más de la casualidad que del mérito: Sí. Era cierto. Estuvo en La Habana de los años sesenta, cuando el comienzo del bloqueo, los misiles, el asunto de Bahía Cochinos y la crisis, cuando el mundo hizo antesala a una tercera guerra mundial. Sí. En Cuba. Álex Gómez atesoraba la imagen de la tarde cuando saludó de mano a Fidel, a Raúl y al Ché Guevara.

Justo por aquellos días compuso la sencilla y oportuna tonada que invadió a Latinoamérica: “Cuba sí, Yanquis no” que le valió el asombro eterno de sus camaradas del barrio Policarpa Salavarrieta, de Bogotá.

El arribo de otro músico a la tarima lo trajo de nuevo al epicentro de la mayor manifestación obrera realizada, luego de la floración de María Cano y de la muerte de Gaitán: primero de mayo de 1974; por primera vez, aliadas las tendencias irreconciliables de la izquierda.

Por los altavoces atronaban las consignas. Cada Central Obrera competía en gritarlas con mayores bríos.

Álex Gómez saludó con manifiesta distancia a Ramiro Pombo, con quien, por fuerza de los acuerdos de unidad de acción, compartiría los nueve metros cuadrados de tarima:

“Compañero, hemos acordado cantar La Internacional luego del Himno Nacional, así que le cedo el puesto para que inicie el acto”. – Casi ordenó Álex-


Ramiro Pombo: “El Himno Nacional lo tendrá que tocar su benemérita progenitora o es que usted cree Alexgomerto que las vainas no han cambiado en este país y que ustedes van a seguir maniobrando y que nos vamos a dejar y que no vamos a luchar porque estemos todos en la cama o todos en el suelo y La Internacional la toco yo y si hay acuerdo la tocamos los dos y que el Himno Nacional lo canten a palo seco”.

“Compañero Álex, me da pena, pero creo que mejor invertimos la cosa. Usted toca el Himno Nacional y yo La Internacional”.


Álex Gómez: “¿Y este coiroso maoísta sectario creerá que me va privar del acompañamiento de La Internacional y que voy a dejar botada mi experiencia revolucionaria así porque así y porque él tiene un acordeón Hohner de 120 bajos nuevo y yo el Weltmeister de 80 que me regaló hace veintidós años la embajada de Alemania Democrática?”.

“Camarada, creo que mejor nos atenemos a lo que acordó el Comité organizador del evento”.

Ramiro Pombo: “Cuál acuerdo viejo arteriosclerótico-mamerto-sectario-maniobrero, si a mí no me consultaron nada y los compañeros del frente artístico tampoco me lo han confirmado".

“Hagamos lo siguiente, maestro: o consultamos al Comité ejecutivo central o tocamos La Internacional juntos. Le cedo, eso sí, el inmenso placer de tocar el Himno Nacional”.

Álex Gómez: “Claro que sectario y mesiánico y engreído como buen hijo de papi del norte y convencido de que siempre se tiene que hacer lo que digan los niños bien de la universidad de los Andes”.

“Vea compa: ya dieron la señal de arrancar así que empecemos por el Himno Nacional y luego hagamos La Internacional a dos acordeones, para que no discutamos. Total, nosotros somos amplios, democráticos y respetuosos de nuestra alianza y de las políticas de unidad de acción”.

Ramiro Pombo: “La pinga de la mica viejo revisionista caduco si cree que voy a transigir con los principios si primero es La Internacional y punto”.

“Maestro, de acuerdo: a dos acordeones, pero primero La Internacional. Usted sabe que para la Central Obrera Independiente Revolucionaria, Coir, tiene primacía el sentimiento revolucionario que despierta en las bases La Internacional, y que además el Himno Nacional está mandado a recoger”.

Álex Gómez: “Y dale con su discurso fanático maoísta hijo de papi que no conoce la realidad concreta y que no ha vivido de verdad la causa revolucionaria ni ha sufrido la represión en carne propia y sólo conoce la clase obrera en el libro rojo y en las fotos de China ilustrada”.

“Camarada, por favor, no le pongamos sectarismo al incidente. ¿Por qué no tocamos ya el Himno Nacional?”.

Ramiro Pombo: “Compañero Álex, insisto en que debemos comenzar con…”.

Atronador el río de las voces. El Secretario General de la Central Obrera Unitaria Revolucionaria-Cour- ya entonaba: “Ooh gloria inmarcesible, Ooh júbilo inmortal…”.

Cincuenta y dos mil trescientas tres voces cantaban y por momentos parecían coincidir en un mismo tono, que Álex Gómez y Ramiro Pombo se esforzaban en buscar en sus acordeones, a toda velocidad y sin que les fuera posible.

Cuando ya el himno llegaba al “Comprende las palabras del que murió en la cruz”, Ramiro Pombo encontró que la gente parecía estar orbitando alrededor un Re sostenido mayor, por lo que de inmediato resguardó el teclado y los bajos del enfoque visual de Álex Gómez, quien persistía en la búsqueda de la tonalidad.

Álex Gómez: “Tienen tan entronizado el culto a la personalidad con el Gran Timonel que se despelotan por hacer protagonismo y darse vitrina en donde pueden o si no, vean a este sectario afanadísimo por pescarle el tono al Himno Nacional que menosprecia y no quería tocar”.

Ramiro Pombo: “Es que ahí está pintada su incapacidad de artista y de combatiente revolucionario o, si no, miren a este sectario tratando inútilmente de pescarle el tono al Himno Nacional”.

El Secretario General de la Central Obrera Independiente Revolucionaria-Coir - invitaba: “Compañeros, entonemos ahora el himno del proletariado mundial, con el respaldo del virtuoso acordeonista, compañero Ramiro Pombo”.

Y se volvió hacia éste, a tiempo que le hacía un gesto de invitación a iniciar.

El Secretario General de la Central Obrera Unitaria Revolucionaria-Cour - por su micrófono, lo interrumpió tajante:

“Perdón, compañero, pero por favor démosle crédito también al compañero Maestro Álex Gómez, quien hace poco recibió una distinción especial en la Unión Soviética por sus méritos artísticos, sin que olvidemos su trascendental labor en pro del pueblo cubano, como compositor y representante del proletariado colombiano en históricas jornadas de la pasada década”.

Mientras el sector de manifestantes de esta Central ponía todo el potencial de sus voces:

“¡Cour, Cour se siente, el pueblo está presente!”.

La Central Obrera Independiente Revolucionaria –Coir-, palmoteaba y coreaba a plena voz:

“¡Coir, Coir, Coir, unir y combatir!”.

Ramiro Pombo: “¡El tono, el tono...!”.

“Sectario maniobrero revisionista, pretendía hacer la introducción sin concertar conmigo y ya quería imponer la versión cubana”.

“Yo hago la introducción: sígame por Si bemol mayor”.


Álex Gómez: “Ahora este sectario maoísta hijo de papi me ordena que lo siga por Si bemol en su versión China y por esa tonalidad tan extraña sólo por pedantería”.

“Yo hago la introducción. Sígame usted a mí, pero en Do mayor y sin sectarismos, compañero”.


Ramiro Pombo: “Compañero, sin sectarismos. La introducción la hago yo, pero en Si bemol mayor. Sígame usted a mí”.

De golpe, una detonación de voces invadió la plaza y sus alrededores, luego de que un par de hermanos – conocidos en el mundo artístico como Ana y Jaime, meses después-, tras estar perdidos toda la mañana entre el público, sin que hubiesen conseguido ser invitados a compartir la tarima, por sorpresa y armados de una guitarra, con sus voces adolescentes se tomaron por asalto el fervor y desencadenaron el canto:

“Arriba los pobres del mundo

En pie los esclavos sin pan

Y gritemos todos unidos

Viva La Internacional…”

A tiempo que miles de asistentes cantaban, al parecer, en Si mayor, las miradas confluían en un par de acordeonistas ensimismados, vociferantes, dedicados a perseguir la moneda lanzada al aire, que corrió por la tarima, se insertó en una hendija y cayó al vacío.

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