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La Cosecha  |  15 septiembre de 2018  |  12:00 AM |  Escrito por: Edición web

En el marco del XI encuentro nacional de escritores Luis Vidales la Fundación Torre de Palabras rindió homenaje a los poetas y narradores Umberto Senegal y Carlos Castrillón

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 Estas son las palabras leídas en el acto.

 

Filosofía de los ademanes

Mis versos han descubierto

que las gentes

no valen por sí mismas

en lo físico

sino que son bellas o feas

según como estén construidas

sobre sus ademanes.

Y que los ademanes

son los armazones maravillosos

e invisibles

de los seres humanos.

 

Edwin Vargas

Como bien lo dijera en 1926 el maestro Luis Vidales, bajo cuya sombra nos reunimos en este homenaje, los ademanes configuran el esqueleto que estructura la personalidad; arman, a tuerca y tornillo, la complejidad del carácter humano. Constituyen un gesto que no puede dejar de observarse al dirigir la mirada a poetas e intelectuales de la talla de Carlos Castrillón y Umberto Senegal quienes, pese a sus diferencias, dialogan en virtud de éstos.

Al escuchar estos nombres, se hace imposible no pensar en la ironía como forma de ser y decir. Para quienes hemos compartido espacios académicos con el maestro Castrillón, sabemos perfectamente que ésta hace parte de su método para, a la manera de Sócrates, enfrentarnos a nuestra propia ignorancia. ¿Quién, entre sus alumnos, no ha parido ahuyamas cuando el profesor, bajo la mirada pétrea matizada por un asomo de risa, inquiere por la pregunta de investigación, la hipótesis, la delimitación del corpus? Ironía que se pasea, también, por una poética plena de imágenes en que podemos pensar riendo y reír pensando.

Este ademán irónico también se manifiesta cuando leemos, ora en sus columnas de prensa o artículos de revista, ora en sus minificciones o poemas, las elucubraciones y asombros con los que Senegal concibe su oficio, que se tensa entre la elevación a las alturas de una metafísica alucinante y la caída en las profundidades de la condición humana. Así nos lo hace saber: «Filosofía del narrador contemporáneo: “Cuerpo hijueputa, ¿por qué quieres hacerme descender?”, preguntó el espíritu. “El hijueputa eres tú, que quieres hacerme subir”, respondió el cuerpo».

Otro ademán en el que confluyen estas dos personalidades radica en la multiplicidad de sus visiones intelectuales, manifiestas en obras prolíficas y diversas que, además de libros de poesía, narrativa, ensayo y traducciones publicados bajo la propia rúbrica, han desplegado un trabajo editorial sin precedentes en la literatura regional. Para la muestra, dos botones: la Revista Kanora, que en los años ochenta, bajo la dirección de Umberto Senegal, se constituyó en la trinchera del pensamiento y la imaginación de nuevas voces que se abrieron camino a pluma y machete en un medio cultural ahogado en las miasmas del desinterés y la desidia institucional; y la Biblioteca de Autores Quindianos, que ya con más de treinta volúmenes bajo la impecable curaduría editorial del profesor Castrillón, se ha consolidado como referente obligatorio para quienes estamos interesados tanto en la historia como en la literatura del departamento. Ambos: gesta editorial y gesto intelectual constituyen ademanes de generosidad con el que los dos maestros legan a sus contemporáneos y a los que vienen una obra necesaria para comprender el espíritu de época en el que, en suerte, nos ha correspondido vivir.

Un último ademán, entre los múltiples posibles, que considero no se puede soslayar en un homenaje de esta naturaleza, alude al rigor crítico con el que ambos escritores han desarrollado tanto su obra artística e intelectual, como su vida. Esto pone a Senegal y a Castrillón en una posición que resulta incómoda para ellos, dado el impacto de los reflectores que se posan sobre sus figuras, pero conveniente para nosotros: se alzan, en el horizonte de las letras, como modelos morales. Es decir, se convierten en ejemplos, para todos nosotros, de integridad y honestidad intelectual, lo cual se evidencia en una permanente coherencia entre el pensar, el decir, el escribir y el actuar. Además, nos han enseñado a dialogar con la tradición: del periplo de Castrillón podemos rescatar nombres como los de George Lukács, Mijaíl Bajtín, Daniil Harms, Reinaldo Arenas, Ortega y Gasset, Roland Barthes, George Steiner, entre otros; y no podemos olvidar los trabajos críticos de Senegal alrededor de la minificción, en los que trae a colación el nombre de Lauro Zavala, al igual que la profunda pasión que transmite por la obra del esteta Robert Walser, y la difusión de la obra del maestro Humberto Jaramillo Ángel, su padre.

Contra la religión de la desesperanza que se profesa en un mundo traspasado por la corrupción y el sinsentido, la Fundación Torre de Palabras y el Encuentro Nacional de Escritores Luis Vidales, en su undécima versión, rinden sentido homenaje a los maestros Umberto Senegal y Carlos Castrillón, para dejar testimonio perenne de dos personas que, según nuestro poeta calarqueño, han construido mediante los mecanismos invisibles de sus ademanes, la bella arquitectura de seres humanos íntegros que han hecho de las palabras y las ideas una ética y estética de la existencia.

 

¡Todo nuestro reconocimiento para ambos!

 

 

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