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Cultura  |  23 junio de 2018  |  12:00 AM |  Escrito por: Robinson Castañeda

Madame: Un buen postre romántico

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Madame: Un buen postre romántico

En escena
David es un millonario cincuentón que se enamora de María a primera vista. La conoce durante una comida a la que fue invitado por sus amigos recién llegados de Estados Unidos. Ella al parecer y por lo que le han contado a él, es prima del rey de España pero mantiene un bajo perfil y quiere pasar desapercibida. Como todo un don juan empresario del arte y aristócrata interesado, no piensa darse por vencido así que buscará conquistarla a como dé lugar.

Por su parte María rodeada de invitados de la alta sociedad de Paris, tiene órdenes estrictas de no beber demasiado vino, no hablar mucho y sobre todo pasar anónima. Su única misión en ese lugar es completar el puesto 14 entre los comensales pues su jefe y anfitriona de la casa, la señora Annie, es supersticiosa y no le gustan los números impares.

Todo esto ocurre por la llegada inesperada de un invitado no deseado a última hora y María no tiene otra opción que obedecer a su patrona dejando el uniforme de sirvienta colgado en la cocina para vestirse de importante Madame de la sociedad francesa, haciendo un papelón único en su vida como inmigrante proveniente de España.

En contexto
Esta es la trama principal de Madame, una comedia romántica francesa del año 2017, escrita y dirigida por Amanda Sthers. Podría sentirse desde el comienzo de este texto e incluso viendo el tráiler, que más que una película europea es una telenovela mexicana pero de hora y media. Vale decir que lejos de eso no es así, porque la historia en esta oportunidad va más allá de la primera impresión ya que sabe combinar y tomar prestados equilibradamente desde el guion, los elementos de un cuento clásico como la Cenicienta, pero en la versión de una mujer cincuentona, con sueños rotos y a decir verdad muy poco atractiva.

Madame es una producción para ver una tarde de domingo gracias a sus tintes mínimos de un humor que son sutiles, justos, sin clichés o caricaturas de ridiculez que aburren. La película se destaca porque su historia no cae en el melodrama, la moraleja, ni pretende arrancar lágrimas de conmoción o lástima por María y los demás personajes de la trama, que dicho sea de paso están bien interpretados.

Tampoco quiere dejar un sermón sobre la diferencia de clases sociales, las luchas o los amores imposibles que se hacen realidad con un beso cargado de magia, porque no es en lo más mínimo un cuento de hadas.

Es solo una producción con una propuesta visual normal, sin pretensiones, pero con una premisa importante y es la Libertad, muy destacada y valorada en el transcurso del drama donde gana el bien por encima de la envidia y la arrogancia en una familia que se desmorona y solo uno de los personajes puede salir bien librado del desastre inminente.

Pero la partida no se gana de la manera que muchos imaginan, aquí la victoria es a otro nivel. Con Madame el espectador se queda en un final inesperado enmarcado en la poesía visual, simbólica y metafórica que aparentemente no dice nada, solo sugiere mucho y con eso basta.

En este caso el desenlace pone a degustar con el pensamiento de cada cual, sacando conclusiones de un delicioso y sencillo postre del cine moderno.

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