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Columnistas  |  13 abril de 2024  |  12:00 AM |  Escrito por: Pedro Elías Martínez

La mula

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Pedro Elías Martínez

Pedro Elías Martínez

Con la fortaleza y mansedumbre de la mula los abuelos construyeron a Colombia. ¿Qué hubiese sido del progreso sin las peladuras en el espinazo de una buena mula? El arriero es el personaje de esos días y la mula nuestro animal nacional.

La mula es un híbrido resultante del cruce entre una yegua y un burro. La mayoría de las mulas son estériles, no pueden tener hijos, pero una de cada mil millones de mulas es fértil, según datos del Dane, corroborado por el lenguaje de los caminos. Lograr algo casi imposible es un parto de mula.

La historia desconoce quien amansó la primera mula, pero este irracional acompaña a la sociedad desde sus primeros días. Homero las cita en la Ilíada, y en el Antiguo Testamento la mula sustituyó al burro como bestia real, para ser montada por el rey David y su hijo Salomón, en sus respectivas coronaciones. Hay mulas famosas como la burra de Balaam, capaz de conversar con el dueño, la mula rucia y la mula anónima que con su aliento abrigó al niño Jesús en el pesebre. Algunas mulas no tienen ni descanso eterno, como el espanto de la mula herrada, que deambulaba por nuestros caminos y desapareció con la llegada de la luz eléctrica.

Colón trajo caballos, burros y yeguas en uno de sus viajes, y sin quererlo fue el abuelo de la arriería. En pocos siglos las mulas se extendieron por América y su colaboración fue decisiva en el desarrollo de la guerra, ese gran sueño de nuestros pueblos de antes y de ahora. Los historiadores cuentan cómo en la guerra civil de los gringos hubo más de un millón de mulas y los generales del sur, aunque tenían esclavos bípedos, perdieron la guerra por falta de cuadrúpedos.

Lentamente estos nobles animales fueron pasando a segundo plano con el cambio de posadas y trochas de arriero por carreteras y filas de tracto-mulas.

En mala hora esta sociedad desmemoriada pasa por alto la erección del busto de la mula, aunque la mula ya tiene asegurada la inmortalidad y su prestigio no está desgastado como la rebuznatoria de ciertos políticos ecuestres y rupestres.

Las mulas gozaron de posición social en la antigüedad y se les trataba con reverencia. Sin licencia del rey solo andaban en mula los obispos. Ni al anciano Cristóbal Colón, rematado por la gota, le concedieron el permiso. Hoy, con la deposición de las costumbres, el uso de la mula es privilegio de narcotraficantes.

 

ELOGIO DE LA MULA

(Lento y maestoso)

 

¡Oh, las mulas! ¡Las antiguas mulas!

LEON DE GREIFF

 

¿Por qué no dedicar esta cuartilla

a una mula con paso de bolero,

que sufre romatís en la rodilla

y duerme a la intemperie, en un potrero?

 

Soporta su destino de angarilla

y la dura zurriaga del arriero.

La que no tiene casta para silla

le toca conformarse con apero.

 

Bajando hacia el poblado, apura el paso

con un estimulante zurriagazo

en plena gurupera… ¡Triste vida!

 

Triste vida cuadrúpeda y amarga…

Porque el regreso es todo de subida

y se sube el patrón sobre la carga.

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