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Columnistas  |  01 marzo de 2024  |  12:00 AM |  Escrito por: Roberto Estefan-Chehab

¿Por qué perdonar?

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Roberto Estefan-Chehab

Roberto Estefan Chehab                  

Todos cometemos errores, es una premisa en nuestra naturaleza imperfecta. En cualquier relación se pueden presentar contextos dolorosos, en doble vía y, es menester reflexionar acerca de los motivos que conducen a una situación maltratante. Puede parecer ingenuo afirmar que cualquier evento es susceptible de ser perdonado pues no se trata de conceder la razón a quien yerra: cuando algo nos lastima, podemos afirmar que se instala un malestar en nuestro interior y mientras esa energía permanezca en el corazón, el verdadero lastimado es uno mismo. Alguna vez leí que el único ser con derecho a juzgar y perdonar es Dios: nosotros, lo que mejor podríamos hacer es comprender, o al menos intentarlo, la conducta del prójimo y darle el beneficio de la incertidumbre de tal manera que logremos interpretarlo como un comportamiento de alguien que tiene su propia tormenta intima, “sus demonios” y por ende su calvario: una persona serena, sana, equilibrada, difícilmente maltrata a otra; una persona llena de conflictos es un potencial productor de injusticias y equivocaciones pues es fácil entender que cada quien “se proyecta con lo que tiene”.  Si estamos abocados a una deslealtad, una agresión, una desilusión, lo mejor que podemos intentar es analizar de quien viene y que motivos pudieron conformar el impase. Hay situaciones que no merecen la pena y, hay personas que no tienen mayor importancia en la vida del otro; hay dolores que cada uno carga como parte de su cruz y entonces, lo mejor es ignorar y continuar sin mirar hacia atrás. Sin embargo, entre más proximidad, más compromiso, más familiaridad, más ilusión y confianza conlleve una relación, suponemos que es porque se ha permitido una mayor profundidad en su devenir: ahí es cuando más duele un problema, que generalmente aparece en medio de algún momento de un compartir cercano. Tratar de comprender es importante. A veces el miedo, la cobardía, conducen a la confusión y al abandono de algo: no se le haga raro que alguien le dé la espalda simplemente porque ese algo superó la entereza de continuar. Otras veces, la ingenuidad y la necesidad se juntan y producen estragos. Y también, importante reflexionarlo, la equivocación al escoger con quien se camina. Siempre hay una cuota de responsabilidad de lado y lado y por eso la humildad se impone para reconocer que desde uno mismo también se aportó para ese dolor. Yo creo que perdonar no lleva implícito continuar una relación de cualquier tipo, pero al menos lo libera a uno de la carga negativa que desgasta y no favorece. No olvidemos que todos podemos ser injustos, incluso, con quien más amamos; también sabemos lo que significa el arrepentimiento. No dejemos crecer malas semillas en nuestras almas. El proceso de crecer y madurar nunca termina y, socialmente hablando, recordemos que perdonar es la semilla de la paz. Perdonemos. [email protected]    

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