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Columnistas  |  03 diciembre de 2023  |  12:00 AM |  Escrito por: Guillermo Salazar Jiménez

Desigual acceso al conocimiento

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Guillermo Salazar Jiménez

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Con el título El conocimiento como bien común se celebró recientemente en México la segunda cumbre mundial para discutir sobre el acceso libre al conocimiento científico, dijo Juanita Lectora, como derecho, cualquier persona o comunidad puede consultar y utilizarlo. Existen reglas para acceder al conocimiento y usarlo; sin embargo, concluyó que el poder de países desarrollados y dueños de organizaciones científicas se lo apropiaron para utilizar sus logros. Se apoyó en Bacon, filósofo británico, para afirmar: La soberanía del hombre está oculta en la dimensión de sus conocimientos.

La mayoría de países financian el desarrollo científico, agregó Juanita, en compañía de variadas agencias de ciencia, fundaciones y universidades públicas y privadas, bajo el supuesto objetivo del acceso libre. Pero la realidad de las grandes empresas editoriales, por ejemplo, modificaron los procesos económicos para acceder al conocimiento publicado en su alto mercado de revistas científicas.

Rusbel Caminante consideró el desigual acceso al conocimiento que sufren los países sin la infraestructura científica o los recursos financieros apropiados para utilizar los avances de la ciencia. Destacó la estrategia de las casas editoriales para vender a precios altos las bases de datos tanto a centros e institutos de investigación como universidades. La falta de recursos crea una barrera impenetrable, donde la desigualdad económica derrota el ideal del libre acceso al conocimiento, mientras el atraso científico crece. Rusbel señaló la estrategia de pagar por publicar, donde los altos costos condicionan la posibilidad de difundir el conocimiento y, de paso, instituciones pobres se quedan al margen de los rankings y sistemas de evaluación.

Juanita Lectora denigró de la práctica de reducir la ciencia y sus avances al poder del dinero. Tanto las bases de datos como los sistemas de información y la publicación en revistas de prestigio cuestan millones. Además, consideró los incentivos institucionales para publicar que permitieron, en muchos casos, derrotar la ética científica, porque prima el aumento de los ingresos salariales por encima del valor científico, patrimonio del desarrollo social mundial. Desestimó la idea de aportar más recursos para publicar resultados y modelos que para impulsar la investigación. Practica negativa que acrecienta la desigualdad científica entre países. Ojalá dicha cumbre se comprometa, ahora sí, con el acceso libre al conocimiento y no pagar por publicar, expresó Juanita, porque la lucha contra las empresas editoriales implica acabar con un negocio multimillonario.

Hacer realidad el libre acceso al conocimiento y obviar los procesos perversos de evaluación de revistas y grupos de investigación, comentó Rusbel Caminante, podría revalorar el objetivo primario de considerarlo como bien público y derecho humano universal. Mantener los mencionados privilegios ganados por las empresas editoriales, permitirán que el desigual acceso al conocimiento acreciente la desigualdad científica y social de países y universidades. Imaginó la triste realidad de trabajadores de la ciencia, que además de la falta de recursos financieros y tecnológicos, tengan que pagar para publicar sus hallazgos y logros científicos. De acuerdo con José A. Pallavicini, concluyó, “El conocimiento no tiene ningún poder sí no puede ser compartido”.

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