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Columnistas  |  02 diciembre de 2022  |  12:00 AM |  Escrito por: Juan Carlos Murcia

Sobrevivir al tedio

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Juan Carlos Murcia

Juan Carlos Murcia

Al país, a la sociedad, a la época en que vivimos. Este será recordado como el siglo de la digitalización y el control global de la información, una forma de dominio cuyo sustento es la acumulación y la capitalización de datos. ¡Gran avance! Si algo ha logrado el expansionismo tecnológico, es potenciar la estupidez colectiva. De nada ha servido en la lucha contra el hambre, la desigualdad, el desastre climático. En nada ha favorecido el progreso de las artes, la literatura, el pensamiento, la política. El planeta es hoy el hogar de millones de esclavos felices. Autómatas asomándose al mundo por las ventanas de un celular. Mujeres y hombres que cantan, imitan, gritan, bromean, desafían, insultan, se empelotan, y hacen lo que sea necesario con tal de ganar la aprobación de sus seguidores, voyeristas de todas las redes sociales.  

Como aquel que se acalambra en mitad del río, los demás se resisten a ser arrastrados por el inmenso cauce de la frivolidad. Cada noche, sueñan con llegar a la otra orilla. Cada día, confirman que no es posible. La realidad no es totalidad, pero siempre se impone por mayoría.  

Así las cosas, convendría leer más a menudo. Y escribir. Leer para sobrevivir al tedio. Escribir cuando la náusea se haga insoportable. Claro, no se trata de leer cualquier cosa, de leer por leer, o porque está de moda. El pasado 26 de noviembre, al recibir el Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances, el genial escritor rumano Mircea Cărtărescu dedicó su discurso a resaltar la importancia de la poesía en la historia de la humanidad y a retratar el estatus de los poetas en la actualidad. “Los poetas no tienen ya estatuas, como en el siglo XIX, ni reputación, como en el siglo XX. Obsesionadas por las ventas y la rentabilidad, las editoriales huyen de la poesía como alma que lleva el diablo”. Cierto. Los grandes grupos editoriales no solo responden a la demanda. La crean, cuando ven la necesidad. Es tanto su poder, que hicieron de Mario Mendoza el autor más vendido de Colombia. Del librito de Felipe Zuleta Lleras el bestseller de la FilBo 2022. Y de Pilar Quintana, una promesa de la narrativa latinoamericana.

Ya ni en los premios literarios se puede confiar. Casi todos los jurados fallan de acuerdo a los intereses de las editoriales. La calidad de la obra queda en segundo plano. Si corrección política y literatura del yo es lo que está en boga, lo que se vende a granel, pues eso premian. El Nobel de este año es claro ejemplo de ello. De ahí para abajo, son contadas las excepciones.

Pese a lo anterior, hoy más que nunca, urge la creación de espacios públicos de lectura y escritura. Refugios en las entrañas del ruido y la mediocridad, le hacen falta a este departamento. Tarea compleja, si tenemos en cuenta la miseria ideológica de la dirigencia política en el Quindío. Las imágenes del alcalde de Armenia, posando para las cámaras en la reapertura de lo que insiste en llamar Biblioteca Pública Municipal, dan más rabia que risa. Recuerdo que en un desfile del yipao se trepó al capó de un Willys a volear un poncho. Ese ha sido su mayor aporte a la cultura de la ciudad. Del gobernador tampoco podemos esperar gran cosa. La lectura no es su fuerte. En campaña lo escuché decir que se había preparado 25 años para gobernar el Quindío. ¡Qué pérdida de tiempo! Con la forma que tiene de hacer las cosas, un curso en el SENA le hubiera bastado. Anda concentrado en tratar de limpiar su imagen con publirreportajes en medios como El Tiempo y Semana. Algún día entenderá que el dinero no alcanza para tanto.

Nos queda esperar el resultado de las elecciones regionales de 2023. Me temo que el tedio aumentará.

 

 

 

 

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