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Columnistas  |  28 septiembre de 2022  |  12:00 AM |  Escrito por: ÁLVARO MEJÍA MEJÍA

Poesía negra, mulata, afroestadounidense, anfroantillana o afroamericana. (V parte)

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ÁLVARO MEJÍA MEJÍA

Por: Álvaro Mejía Mejía

Ahora miraremos hacia Colombia, para decir que en 1849 nace a la orilla del río Magdalena, en la población de Mompox, el poeta CADELARIO OBESO, hijo de una lavandera y de un profesional que no quiso darle el apellido. Hizo sus primeros estudios en el Colegio de Pinillos.

Con algunos conocimientos muy básicos se fue a vivir a Bogotá, en donde continuó sus estudios.

Fue una aventura salir de Mompox, él mismo lo relata en el extenso poema Sotto Voce, que en uno de sus fragmentos dice: Intacto el corazón, el alma pura / henchida de ternura / y de ilusiones cándidas repleta, / abandoné el hogar, me lancé al mundo, / y niño pudibundo, /luché con sus injurias como atleta. / Lo recuerdo muy bien. Mi noble padre / y mi amorosa madre / solo su santa bendición me dieron / entre llantos y congojas… De aquel día / mi infantil alegría / en tristeza los hados convirtieron.

Su viaje a Bogotá fue para aprovechar una beca que había obtenido, lo que hizo estudiando en el Colegio Militar fundado por Tomás Cipriano de Mosquera que, posteriormente, fue clausurado.

Más adelante, iniciaría estudios de ingeniería en la Universidad Nacional y luego de derecho y ciencias políticas, los que no pudo continuar por falta de recursos económicos. Sin embargo, finalmente, obtuvo el grado de maestro.

Candelario, por su personalidad afable y su originalidad literaria intimó con personajes como el Indio Uribe y Antonio José (Ñito) Restrepo. Miguel Antonio Caro también lo tuvo en gran estima.

Obeso es el precursor de la poesía negra en Colombia (1849) y uno de sus padres en el continente, toda vez que es anterior a la de generación de los poetas antillanos de comienzos del siglo XX, que aparecen hacia 1900, 1905, 1909.

Es el autor de un libro titulado Cantos Populares de Mi Tierra. Esta obra tiene la grandeza de la originalidad, toda vez que construye poesía, conservando el lenguaje vernáculo de los pescadores y bogas del río magdalena, quienes al hablar cambian la “s” por “j” y suprimen o alteran letras del castellano.

Candelario se presenta en Bogotá con esa originalidad, que impresionó a los poetas y críticos de corte clásico, romántico y modernista. Veamos su poema La canción der boga ausente:

¡Qué trijte que ejtá la noche, / la noche que trijte ejtá! / Nu hay en er cielo un ejtreya… / ¡Remá! ¡remá! / La negra re mi arma mía, / Mientra yo briego en la má, / Bañao en suró por eya, / ¿Qué hará? ¿qué hará? / Tar vej por su zambo amao, / Doriente sujpirará; / O tar vej ni me ricuedda… / ¡Yorá! ¡yorá! / Laj embra son como er toro / En ejta tierra ejgraciá, / Con atte se saca er peje / Der má, der má. / Con atte si abranda er jierro, / Se roma la mapaná, / Cojtante y fimme laj pena; / ¡Nu hay má! ¡nu hay má!… / ¡Qué ejcura que ejtá la noche, / la noche que ejcura ejtá! / Asina ejcura ej l´ausencia… / ¡Bogá! ¡bogá!

Con ese poema Obeso se ubica en el privilegiado morrión de los apolónidas.

Son muchas las anécdotas del poeta Obeso, la principal tiene que ver con su obsesión amorosa por una mujer blanca de la alta sociedad Bogotana que lo llevaría a su suicidio, el 3 de julio de 1884. Esta historia la cuento en un ensayo denominado “Obeso o Historia del Amor Eterno”, pero diré en este artículo, de manera breve, que su amigo Ñito Restrepo al ver esa obsesión desenfrenada de Candelario, entre enojado y afectuoso, escribe el poema A Candelario Obeso, que dice:

No más cantos, no más... Si la hermosura /por otro y no por ti de amor suspira; / si no hay para tu negra desventura una sola mirada de ternura, / que haga vibrar las cuerdas de tu lira. / Si tu alma de poeta, su ambrosía / esparce en las arenas del desierto; / Si tu eterna y tenaz melancolía / no ha trocarse nunca en alegría. / Si náufrago, tu amor no hallará puerto; / si las flores que arrancas a tu mente, / para su guirnalda de sien de diosa, / son holladas con planta indiferente. / Si no ha de refrescar tu mustia frente / el rocío de tu alma candorosa: / echa sobre tu cuerpo una mortaja, / toma las vestiduras de un querube, /que, del revuelto mundo en la baraja, / Ella es la carne que al sepulcro baja, / Tu eres el genio que a los cielos sube.

Obeso bebió, durante aproximadamente 8 días, al cabo de los cuales le responde a su amigo del alma, ya no en el leguaje vernáculo, que lo hizo grande, sino en exquisito idioma castellano. Compuso un madrigal de amor, a manera de respuesta, que expresa:

Dices que no me quiere; que la olvide... / Y bien, ¿sabes lo que me pides? / ¿Sabes tú lo que es amor? / Si el mismo Dios me dice que la olvide, / Le digo a Dios que NO… / Y si en castigo a mi blasfemia impía / Me la quita veloz, / Entonces, me suicido: / ¡voy al cielo y se la quito a Dios. /

Finalmente, se daría la premonición de Restrepo, echa sobre tu cuerpo una mortaja, y el anuncio fatal, Entonces, me suicido: / ¡voy al cielo y se la quito a Dios. / El 29 de junio de 1884, a medianoche, disparó en sus entrañas su pistola Remington. Tres días soportó la agonía. Contaba con escasos 35 años, cuando ofrendó sus mejores primaveras al sempiterno misterio del sepulcro.

 

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