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Cultura  |  14 agosto de 2022  |  12:02 AM |  Escrito por: Administrador web

Se escriben cartas de amor y de las otras

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Josué Carrillo

Hubo en Armenia, muchos años atrás, un oficio bastante simpático, pero sobre todo romántico: escribir cartas. Quienes se dedicaban a esta ocupación instalaban los domingos, en los andenes exteriores de la galería, una mesa pequeña cubierta con un modesto mantel de tela a cuadros y sin más enseres que un asiento, una mano de hojas de diferentes colores, unas cuantas tarjetas en blanco, un estilógrafo y un pequeño aviso en que se ofrecía el servicio de escribir cartas. Se escriben cartas de amor y de las otras rezaba el aviso. Las máquinas de escribir no habían sustituido aún el trazo fino y grueso que caracterizaba las letras adornadas de la escritura a mano. A esta labor recurrían, generalmente, campesinos y otras gentes necesitadas de expresar una idea o un sentimiento, casi siempre amoroso, pero que no sabían escribir o no encontraban cómo expresarlo. A cambio de uno o dos pesos se conseguía el mensaje para declararle el amor a la mujer de los sueños, para romper una relación de vieja data o, simplemente, para echarle leña al fuego de una pasión. Las otras, a las que se refería el aviso, eran menos elaboradas que las anteriores, pero exigían que el amanuense le oyera a su cliente todo el cuento para poder llevarlo luego al papel, aunque ya sin mucha floritura en la letra ni las ideas.

Este oficio, que pareciera ser una ocurrencia de personas dedicadas al rebusque, se originó varios siglos antes de nuestra era; escribieron cartas los sumerios, egipcios, griegos, romanos y en estas tierras lo hicieron los incas desde antes de la conquista. Las cartas más antiguas que se conservan están en escritura cuneiforme, hechas en tablillas de arcilla; posteriormente se escribieron en rollos de papiro, con menos frecuencia se emplearon pieles de animales, láminas de plomo y de cera, y así siguió su evolución hasta llegar al papel. Dado que en sus comienzos eran muy pocos los que sabían escribir, el contenido de las cartas, a diferencia de lo que solían decir las redactadas en nuestra plaza de mercado, versaba sobre temas de índole administrativa, diplomática y correspondencia entre gobernantes; los romanos empezaron a escribir misivas de carácter personal en el siglo III a. C. Las cartas tenían en el encabezamiento el nombre del remitente y el del destinatario, luego venía el texto principal y cerraban con la despedida; este formato se observa en las epístolas del Nuevo Testamento, que son un ejemplo bastante conocido de cartas antiguas.

El carácter personal de la carta permite asimilar este género a la escritura subjetiva, como también lo son las memorias, el diario y la autobiografía; dada su flexibilidad, la escritura epistolar es de fácil cultivo y permite su empleo con muy diversos estilos y múltiples finalidades. Como ejemplos notables de tipos de cartas pueden mencionarse las personales, entre las cuales hacen parte destacada las de amor, que son las que sirvieron para darle título a estas notas, y de ellas quizás las más conocidas son las misivas que se cruzaban Abelardo y Eloísa, que datan del siglo XII y constituyen un ejemplo clásico de las cartas entre enamorados. Hay las epístolas doctrinarias, cuyo ejemplo más notable puede ser las de los apóstoles y entre estas sobresalen las epístolas de san Pablo; como también están las filosóficas, escritas entre otros por Epicuro, Seneca y Voltaire. Además, existen libros escritos en forma de cartas, como el de Giovanni Papini, Cartas del papa Celestino VI a los hombres; es célebre la Carta a mi padre, del escritor checo Franz Kafka. Los periódicos tienen, por lo general, una sección de Cartas al director, en las que se comentan noticias u opiniones de ediciones anteriores; las cartas abiertas son una especie muy conocida que van dirigidas a gobernantes o directivos, con la intención de que las conozca el público, entre ellas está la famosa J’Accuse… !, del escritor Emile Zola al presidente de Francia, sobre la prensa y el antisemitismo en el Caso Dreyfus. Y cómo no mencionar entre los ejemplos notables las cartas inocentes que los niños le escriben al Niño Dios o a los Reyes Magos en temporadas navideñas.

Por tratarse de una comunicación física entre remitente y destinatario distantes entre sí, la carta requiere de un mensajero que la lleve; en un principio, cuando no había medios con una cierta organización que cumplieran esa función, se recurría a amigos, viajeros, comerciantes que fueran en la dirección deseada. A pesar de que este recurso pareciera pertenecer a épocas muy lejanas, cabe mencionar que, aún en el siglo XXI, no es inusual llevar cartas de amigos dirigidas a otros que viven en la ciudad a donde va quien ha de hacer el favor. Aunque con el encargo se suplía la necesidad de portar el mensaje, las más de las veces no se contaba con la rapidez suficiente, de modo que, habida la necesidad, se tuvo que crear los medios que cumplieran esa función. En el mundo antiguo esta labor fue realizada por aparatos estatales, que proveían los medios, una red de escalas para el descanso de los postas o mensajeros y el cambio de cabalgadura, para que la carta llegara a su destino. En el Medio Oriente se tuvo el primer sistema postal del que se tenga noticia, el angareion persa, que contaba con una malla extensa de paraderos situados a un día de distancia, en donde los mensajeros podían hacer pausa.

Y así como los escritores epistolares de los alrededores de la galería mantenían, muy seguramente, escondido bajo la manga un manual de cartas para enamorar y una colección de frases de amor, de igual manera lo hicieron en la antigüedad, pues se han encontrado textos guías para la redacción de cartas, como también antologías de cartas y locuciones de amor; los egipcios usaban cartas modelo para el uso de los escribas más inexpertos (1).

Parte del quehacer de los amanuenses en la galería era la elaboración de tarjetas y esquelas que, en nuestro medio, bien pueden considerarse como hijas legítimas de las cartas de amor; se escribían en papel de color, de menor tamaño y en letra de caligrafía Palmer. Para ambas, las antologías de citas y pensamientos amorosos resultaban ser una ayuda que los escritores mantenían discretamente al alcance de la mano, para responder a cabalidad con el lema del que solían hacer gala: “Permítanos pensar por usted”.

Hoy, para nostalgia de quienes vivieron esas épocas de cartas, tarjetas y marconigramas, es mucho lo que ha cambiado; ya casi nadie se toma el tiempo de escribir nada y si intenta hacerlo, los teléfonos modernos sugieren y escriben las palabras con tan solo escribir sus dos o tres letras iniciales. Tampoco se expresan los sentimientos con palabras, puesto que con los tales emojis se puede representar cualquier emoción o idea. De los escritores de cartas de amor y de las otras no queda más que el recuerdo, porque quienes desempeñaban tal oficio tuvieron que cambiar de profesión debido a la desaparición de los clientes, o quizás se hayan dedicado a escribirles los discursos a los políticos en campaña, aunque ya ni eso hacen nuestros políticos.

 

  1. Cartwright, Mark (2019): Cartas y correos en el mundo antiguo. World History Encyclopedia.

 

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