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Columnistas  |  01 julio de 2022  |  12:00 AM |  Escrito por: Roberto Estefan-Chehab

Limpiar el cuarto de atrás

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Roberto Estefan-Chehab

Roberto Estefan Chehab

Si queremos armonía deberíamos estar dispuestos a limpiar nuestros espacios interiores pues es en ellos en donde se gestan las relaciones que tenemos con el entorno. A través de la vida son muchas las experiencias que cargadas de distintas emociones vamos almacenando en nuestras almas. Unas positivas y edificantes, sin duda, y sin embargo son muchas que dejan un rastro de confusión y dolor y que, a pesar de ser maltratadoras y esclavizante se siembran dando espacio para que desde ahí crezca una planta cuyos frutos no son buenos: son amargos, invasivos, y, frecuentemente contaminantes. Nuestra personalidad es determinada desde la infancia: por lo que vemos, escuchamos, experimentamos lo cual se traduce en aprendizaje que por definición va cambiando el “como” sentimos y nos sentimos en el mundo. está demostrado, por la observación y la ciencia misma, cuan definitivo es el desarrollo del ser humano a partir de sus primeros contactos, incluso desde el vientre de mamá. Y, esos primeros momentos no son de resorte del bebé; de ahí la seriedad que implica la responsabilidad de nuestros padres y otras personas que intervienen en la manera de mostrarnos el mundo, de acompañarnos y guiarnos en ese proceso de “abrir” los ojos del espíritu ante las realidades que empiezan a sofocarnos, muchas de ellas difíciles y confusas. La autoestima y la seguridad en sí mismo, la fortaleza que se va creando en el yo y como premisa básica, el amor que debe comenzar por instaurarse en cada persona, el “yo me amo”, “yo me cuido”, “yo me cuestiono” “yo no trago entero”, “yo evoluciono y aprendo” pues finalmente “yo seré el responsable” de mi existencia y lo que haga de ella y con ella. Si la mamá no abraza a su hijito mientras al darle alimento, si no le habla con ternura es probable que se siembre una semilla de soledad y miedo la que crece y estrecha la expansión de un espíritu seguro y alegre. Si el papá es agresivo y sus hijos deben soportar el miedo de la brusquedad y el descontrol, obvio que se instalará la ansiedad, la angustia y la rabia en esos tiernos corazones: en vez de sentir la paz y la seguridad que debería inspirar el hogar habrá tristeza y ambivalencia en el alma y, no solo eso: aparecerá el interrogante constante, en la medida en que se trata de entender el porque se tiene que soportar eso: ¿Cuál es mi modelo?, ¿Por qué tengo que creerle a alguien que predica, si es que lo hace, pero actúa de forma egoísta y contraria a lo que intenta “imponer” con sus discursos y exigencias? Unos padres que no se respetan entre sí, que no son coherentes, que no acompañan, que solo “trabajan” pero no dialogan, no hablan con sus hijos, que se contradicen en el respeto por los valores y principios, están abonando caos en la forma de proceder, ante las vicisitudes que tendrán que enfrentar mas adelante su hijos: miedo a las relaciones con los demás, celos, agresividad y frustración, prevención, lo que lleva a fantasías injustas, miedos infundados, que no se conduelen con las nuevas posibilidades, que a la larga impedirán la felicidad, o al menos el equilibrio de sus hijos en sus proyectos, en sus vidas adultas, en sus sueños: es una cadena, un tornillo sin fin que rota pero no cambia. Y, los espíritus rebeldes intentarán liberarse de esas sombras, pero no siempre los caminos serán los adecuados: compañías más confusas, tentaciones de aligerar la carga de la angustia volviéndose mas proclives a consumir alcohol y otras sustancias destructivas del equilibrio biológico natural y per sé, de las relaciones con todo: se instaura la mentira, el engaño, el miedo a enfrentar la vida y la búsqueda incesante de algo que aleje la culpa de “odiar” lo que se aprendió sin merecerlo ni desearlo. La inteligencia ayuda a que, a pesar de un comienzo difícil, se aprenda a tomar las riendas de la propia vida, se limpien los espacios interiores y se le apueste a una esperanza que ya no dependerá de ataduras del pasado. Inténtelo. [email protected]       

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