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Columnistas  |  30 junio de 2022  |  12:00 AM |  Escrito por: Samaria Márquez Jaramillo

¿En cuál época del conocimiento vivo?

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Samaria Márquez Jaramillo

Samaria Márquez Jaramillo

 

Buena pregunta. Difícil de contestar. Importante planteársela.

Sí, porque tengo la impresión de que me se deslizo sin control por una pendiente y voy cogiendo velocidad poco a poco y sospecho que la próxima parada es en un profundo precipicio.

Si se analiza desde una lógica muy elemental el comportamiento de los seres humanos, sobre todo de aquellos que ocupan puestos de responsabilidad en la sociedad, lo primero que se piensa es “¡cómo va a funcionar el mundo con personas así!”.

Con excepciones muy contadas, la mayoría está donde está por ambiciones personales. Puede ser por manejar poder, puede ser por hacerse ricos, puede ser por imagen, o puede ser por todo a la vez. Pero… ¿cuántos ocupan puestos de responsabilidad por servir al pueblo, por mejorar las condiciones de vida, por puro altruismo?

Y el problema es que esta cruda y dura realidad ha creado escuela, o sea, tales personajes llegan a ser envidiados y admirados por el nivel de vida que manejan, por su imagen, aunque sean unos perfectos inútiles o, incluso, unos timadores, unos delincuentes con corbata y glamur.

¿Y por qué se teme al futuro? Pues porque los que deberían construirlo, diseñarlo y crear ilusión con él, no tienen ni idea, no saben ni pueden hacerlo porque no están capacitados ni preocupados por ello.

Es más cómodo sobrevivir al presente que diseñar el futuro. Además, cuando sólo se aspira a poseer el poder, debido a la obsesión por el poder, no se comprende que el poder por sí solo destruye a quien lo posee. En cambio, si quien lo maneja lo hace pensando en el colectivo y, sobre todo, en el futuro de ese colectivo, entonces el poder se convierte en un aliado fiel.

No es hora del “sálvese quien pueda” sino de reflexión y de hacer los ajustes necesarios para tratar de sintonizar con los tiempos de cambio que ya son evidentes.

Al menos para quien quiera verlos.

¿Dónde estoy, para dónde voy? Pregunta que me hago a diario cuando observo con gran inquietud el entorno en el que me desenvuelvo y el mundo donde vivo. 

Tantos conflictos que aparentemente no tienen solución, hambre y miseria, represión, desigualdad, destrucción ecológica, ambición sin frenos, ¿qué más? Salvo mis esperanzas, mi razón de vivir, según opiniones ajenas a mí, todo bien, ¡todo bien!

¿Qué puedo esperar del futuro?  Solamente con el conocimiento del ayer y las realidades de este presente puedo visualizar el mañana, deprimente.  Mi generación y los valores que he aprendido están errados, según la nueva tecnología. Mi única esperanza es el cambiar y desaprender lo que se me fue enseñado, pero ¿esa decisión podré llamarla evolución? No se para dónde voy, pero estoy consciente del hueco dónde estoy. Y si es verdad que debo desaprender ¿qué quedará en mí tras más de media docena de décadas de acumular lo que sé?

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