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Ciencia Y Tecnología  |  14 enero de 2018  |  04:35 AM |  Escrito por: Edición web

Cementerio De Los Libros

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Por Ilda Baoth

 

JUAN RESTREPO

EL DESVANECIENTE MEDIODÍA

Tercer Mundo Editores, Bogotá, marzo de 2000. Diseño de portada, Héctor Prado. 104 páginas. Con referencias bibliográficas y críticas en ambas solapas y en la contracarátula. Dedicado a la poetisa Olga Orozco.

El libro contiene 58 poemas en el peculiar, casi hermético estilo del poeta montenegrino, ya fallecido. No es fácil la poesía de Restrepo. No hay que buscar en ella y su manera de exponer un tema o hablarnos de un paisaje, de un evento determinado, de sentimientos o espacios del espíritu, todo aquello que estamos acostumbrados a encontrar en la poesía quindiana. Al final de sus años, parece que Restrepo, si uno lee sus libros con atención y con deleite y sin sorprenderse con el lenguaje, este poeta trató de refinar sus ideas haciéndolas metáforas de extrema complejidad literaria. Cualquier detalle que reflejaban sus palabras, se transformaba en otra entidad, en una aparición poética nada común. Juan fue en sus libros un explorador casi surrealista del lenguaje y otras maneras de ver el mundo, sin que su poesía se ajuste a la estética de este movimiento. De esto no hay duda cuando se lee un libro como El desvaneciente mediodía. Por ejemplo, esta estrofa del poema llamado Algo vuela: “Algo vuela, reciente,/como si la medida/ fuera talar el agua/más allá de su orilla./Algo vuela, reciente/”. Hay musicalidad y objetos claros que el verso señala. Sin embargo, el poema adquiere extrañas transparencias sintácticas que no son familiares para un lector de poesía tradicional. Entre los poetas de esta región, Juan Restrepo es quien emplea imágenes y lenguaje más etéreo en sus descripciones. No olvidemos que Rafael Alberti le prologó su primer libro. Quisiera yo saber cómo fue eso. Qué amistad hubo entre ambos poetas. Dónde se conocieron. Algún estudioso de su obra nos lo dirá algún día.

 

VICTORIA EUGENIA GÓMEZ M.

CUANDO LA LUVIA TEJE

Colección Acanto. Rompesilencios Ediciones. Carátula y contracarátula, Fernando López Rodríguez. Fotografías, Fernando López R. Cartago, mayo de 2017. 80 páginas.

Desde su presentación formal, este libro de poesía es atractivo, induce a entrar en sus temas y en cuanto nos revela su autora, caminando sin prisa y con sinceridad por los caminos del amor y del cuerpo. Erótica, sentimental, incapaz de guardarse aquello que posiblemente ha vivido con el hombre que ama y desea, con quien comparte esperanzas y desengaños. De tamizada delicadeza para contar cualquier experiencia con el paisaje, con los seres cotidianos que la circundan, con sus pensamientos y los ajenos, a Victoria la imagino como mujer un poco sumisa, serena pero intensa en sus emociones y experiencias, sin prisas intelectuales para ser poeta o para que la reconozcan y la llamen poetisa. Debe escribir y reescribir su poesía buscando siempre que cada verso y cada estrofa, todo cuanto se le convierte en metáfora, en palabras que teje minuciosa, sin afanes, como lo alcanza con los textos de este hermoso libro, se le convierta al final en un resplandeciente y fino tejido. ¿Qué digo de las fotografías? La poetisa ha sido observada por alguien que parece conocerla a fondo. Alguien que parece amar a la poeta y por tal motivo intenta unificar sus imágenes físicas con las imágenes literarias del libro. Manos, ojos, bolsos, paredes, flores, momentos íntimos donde Victoria posa para el fotógrafo explorándola en sus gestos, en cuanto ella reveló o no quiso decir por completo en tantos de los poemas de esta obra. Comparto este, breve aunque yo soy lectora y admiradora de textos extensos, de poemas de largo aliento. Se llama LEGADO. “Para ti/mis extremidades/de levante a poniente,/o si prefieres,/el alma desnuda”. Entre lo romántico, lo sentimental, los enamoramientos y los ardores de la carne, es un poemario que nos describe muy bien a nosotras cuando nos entregamos y tal vez no recibimos de nuestro hombre aquello que esperábamos.

 

NESKAZU

HOJAS SECAS

Parece un libro de edición artesanal. En la carátula, el nombre de Neskazu, pero en el interior se nos dice que su autor es Néstor Castaño Zuluaga. Diagramación y diseño, María del Pilar Castaño. Una linda carátula cuyo autor no señalan quién es. Agosto de 2010. Tampoco especifican la ciudad donde el libro fue impreso. 160 páginas. Con prólogo del escritor Umberto Senegal.

Debo confesarlo, porque es uno de mis gustos literarios: encontrar y visibilizar autores y libros que poca gente conoce, que circulan por la bibliografía de una región o de un país, de manera anónima, silenciosos, sin alardes de nada, pero llevando mensajes y palabras con estilos que si no son para convertirlos en modelos de escritura, sí son testimonios vitales, auténticos en su expresión humana, de todos aquellos hombres que deciden dejar una huella con sus palabras en la literatura del pueblo donde viven. Así siento la poesía que transcurre a lo largo de este libro. Manifestación íntima de alguien que nos relata sus pesadumbres, sus momentos de vida en familia, recordando el pasado, reflexionando sobre la muerte, la vejez, las cosas que observa en su paso por la existencia y por tal motivo escribe: “Quiero vivir la vida/Más allá de la vida,/Quiero sentir la muerte/Más allá de la muerte/. Quiero lo que quiero/Porque solo yo lo quiero”. Sus particulares ritmos en el verso, sus sentimientos, esa manera directa y sin búsquedas de imágenes o figuras poéticas que le aparten de comunicar un sentimiento determinado, caracterizan el tono y el estilo de este poeta quindiano. Otro libro con los versos centrados. Qué incómodo leerlos así. Quisiera que alguien me explicara cuál es el valor y cuáles son las razones formales y ópticas para distribuirlos en la página, de esta manera. Yo sigo apegada a la tradicional disposición del verso, sin que por esto no reconozca la validez de las formas que exijan otros juegos del verso y del poema. Pero en muchos autores, como en este libro, esos experimentos no vienen al caso.

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