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Columnistas  |  06 noviembre de 2021  |  12:00 AM |  Escrito por: Jacobo Giraldo

DE PELÍCULA.

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Jacobo Giraldo

Por Jacobo Giraldo Bedoya

A través de las pantallas se ve todo.

Es fácil creerlo si se han visto películas como Natural Born Killers, de Oliver Stone, o la clásica de oro Bonnie and Clyde, de Arthur Penn. En estos filmes somos arrastrados hacia un tornado demencial. Sobre todo, la segunda nos hiere con su perfección, su brillo es despiadado y cruel.  

Lo penúltimo que vimos en nuestras pequeñas pantallas portátiles nos ha, sin embargo, perturbado: en varios vídeos, con distintas tomas y estilos, inclusive algunos con narración de los hechos, vemos que varios personajes de difícil identificación salen corriendo de un lugar, armados todos ellos con armas diversas, cortas, largas, chalecos antibalas.

El registro anónimo que nos llega a oleadas deja ver los fogonazos de los disparos, las correrías, el tumulto criminal; los hombres corriendo, las motocicletas que vienen a recogerlos. Las oportunas y valientes cámaras que captaron lo ocurrido, hacen que parte del suceso se haga más espectacular, más vistoso, casi al estilo de una producción audiovisual pasable. 

No será por eso, creemos, que el Alcalde de Medellín dijo al poco tiempo de ocurrido el enredo, que: “La Policía Metropolitana dio un golpe certero en un intento de robo de una banda criminal organizada que preparó, al parecer, el robo durante meses y que creyó que iba a hacer aquí La Casa de Papel”.  

Esa referencia, a una serie que se transmite vía streaming, desconcierta. Confieso que no he visto la producción a la que se refiere, pero tal vez, para poder hablar con mis amigos del tema, tendré que verla. Quién sabe a cuántos más les pase.

No sé, no obstante, qué es más extraño: si un alcalde hablando, oficialmente, con referencias a una obra audiovisual de ficción; o el hecho de que en apariencia todos saben de qué se habla, es decir, que todos conocen, aún sin el contacto directo con esta ficción, lo que ocurre y se representa allí.

Hay siempre una relación entre la violencia y la ficción, y entre la violencia y el cine, que nunca termina de establecerse. La violencia adquiere una cualidad irreal. Pero, en países francamente inspiradores como el nuestro, no se haría raro que este robo o intento de robo, se llevara a la pantalla grande, como si todo existiera para terminar en un filme. Es cierto, también que, en nuestro país, como dice Santiago Gamboa, el Padrino es una crónica costumbrista (y vaya que hay tres partes). Podríamos agregar que, en Colombia, Asalto y robo de tren, el peligroso cortometraje mudo de Edwin Porter es rigurosamente verdad: quien ha visto la escena del final lo entiende todo, y algo en su interior habrá cambiado para siempre.  Hay que cuidarse de una película que termine por dispararnos a quemarropa. 

 
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