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Región  |  04 octubre de 2021  |  12:00 AM |  Escrito por: Edición web

El sinabrio o cinabrio, los cristales del río Rojo en Génova

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Por Luis Eduardo Arango

Cuando me encontré con esta palabra, inmediatamente pensé en una vereda de Pijao, cercana al casco urbano y lindando con la vereda Rio Azul, pero como estaba era hablando de Génova y de su rio protector, el llamado Rio Rojo, tuve que echarle mano al diccionario y a la imaginación para poder tratar de entender a este pueblo que cumple años en el mes de octubre.

El Rio Rojo, que nace en la parte más alta de la cordillera, zona de varias lagunas, pensé que era llamado así por razones políticas, pero, dicen que merece este nombre por la presencia en las rocas que conforman el cañón , de las llamadas cinabrio, que son cristales como el cuarzo pero de color rojo o bermellón. Si hay varias rocas de este mineral es posible que a la vista se aprecie el color rojo que le dieron los exploradores de la región y al río. Sería interesante que los numerosos personajes que por estos tiempos recorren estas cuencas buscando establecer centrales hidroeléctricas, publicaran sus estudios en el aspecto de la geología o que los numerosos grupos de ambientalistas o protectores de la naturaleza, profundizaran en el tema.

Sobre las corrientes de agua de la zona montañosa del Quindío, hay varias situaciones que merecen comentario o análisis. El primer aspecto que hay que considerar es la minería legal o ilegal, exploratoria o artesanal, de campo abierto o de socavón. Tema delicado y que merece atención, pues es de tradición que esta zona volcánica, sea rica en minerales y ahora están de moda no solo el oro y el coltán sino otras mas y no hay que ignorar que los indígenas quimbayas, explotaban también minas de cobre. También sería importante conocer si se han expedido licencias para exploraciones minerales en el municipio o en la región.

Hay un tema que por razones del modernismo se ha echado al olvido y es el uso de arietes o de motobombas, que fueron muy comunes hace poco más de setenta años, cuando en el territorio se tenían sitios para extraer arcillas y fabricar ladrillos y tejas, o se tenían ganaderías que requerían de acueductos para atender las necesidades de la población y del ganado o necesitaban el agua para los beneficiaderos de café. Los arietes eran máquinas que tomaban el agua de las quebradas y por acción de la presión se conducían hasta las viviendas. Para instalar estos aparatos, se construían algunas veces tanques de almacenamiento o de reserva y esto alteraba, posiblemente, el caudal o el cauce de las mismas, pero eran manejados con criterios de conservación de la naturaleza. También era muy común, el uso de motobombas localizadas en la corriente de agua y encargada de mover hacia la vivienda el precioso líquido.

Los acueductos rurales cumplen la función social y sanitaria de proporcionar agua tratada o agua potable para uso doméstico y de llegar a todos los sectores en esta geografía tan quebrada.

El problema actual de las corrientes de agua, es aquella situación especial en la cual la comunidad se opone a que se instalen plantas o reservas de aguas en la zonas de influencia de los ríos o quebradas y manifiestan que ello se opone a la conservación de la naturaleza. Creo que este tema debe analizarse y escuchar todas las opiniones.

Mientras tanto, hay que reconocer que el municipio de Génova, en su casco urbano, esté muy bien dotado de agua, aunque a veces se tornan como agresivas y les da por entrarse casi hasta la plaza y en el sector rural el territorio es toda una despensa de agua, en sus lagunas y en su páramo.

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