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Región  |  14 septiembre de 2021  |  12:00 AM |  Escrito por: Edición web

La llegada de Ledher a Armenia y la Posada Alemana

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Por Luis Guillermo Arango

Wilhem era un joven estudiante de ingeniería en un pueblo cercano a Berlín, cuando fue llamado a prestar sus servicios al ejército alemán, años después de finalizada la primera guerra mundial y, como tal, tuvo una formación técnica muy avanzada pues tenía como compromisos a mas de estudiar las tácticas de combate hacer su especialización en elementos de mecánica y el hombre se dedicó a la construcción de ascensores y de máquinas de tracción mecánica. Por ese tiempo Alemania iniciaba un proceso de construcción de obras públicas muy acelerado y técnico.

Cuando llegó a Manizales, estaba en la ciudad una empresa de capital y técnica alemana, encargada de vender materiales de acero y vehículos y a esa Casa Alemana, fue destinado el joven ingeniero alemán, que entró a asesorar la parte de los motores que movían ese cable para desplazarse algo más de ochenta kilómetros llegando hasta la ciudad de Mariquita, en el departamento del Tolima, cargando fundamentalmente café. A pesar de las diferencias ideológicas entre la compañía inglesa operaria del cable aéreo y la empresa comercial alemana, el hombre se empapó muy bien de su funcionamiento, pero lo más importante que sacó de esa permanencia fue el tipo de mercancía que transportaba, pues era muy poca la disponibilidad de tener café en Europa, en especial en tiempos de guerra. Aprovechando su pinta de alemán, muy alto, macizo de agradables modales y sobre todo de cultura europea el hombre logró conquistar una agraciada señorita de la sociedad manizaleña, emparentada con productores y comercializadores de café, pues eran dueños de algunas trilladoras y fincas productoras en todo el departamento.

El ingeniero alemán se trasladó a la ciudad de Armenia, centro del desarrollo industrial y vial de la nación, como quiera que se empezaba a construir un túnel para el ferrocarril que uniría las líneas del pacífico con la capital de la república y con la zona productora y comercializadora de café por el rio Magdalena. Era sede de la naciente industria del café y se vinculó con un médico que tenía una especial visión comercial, empresarial y política y puso a su servicio toda la técnica europea en la instalación de ascensores y en el diseño de edificios destinados a servir como hotel. Instalado con su mujer formó una familia en esta ciudad y viendo la necesidad de alojar a los técnicos que los visitaban para negocios de ingeniería civil, de ingeniería mecánica, de negocios de café y de otras profesiones, la señora, una persona muy versada en aspectos de culinaria y de etiqueta, fue la encargada de adquirir una casona en plena calle principal y abrir un hotel llamado La Posada alemana. Mientras se desarrollaba la construcción del edificio para el médico empresario, el alemán tenía su sitio de hospedaje, para los más distinguidos y elegantes huéspedes que viajaban en función de negocios. Fueron muchos los decoradores de interiores que llegaron con elementos para el hotel y fueron muchas las tertulias en las cuales se debatían los elementos necesarios para dicho hotel fuera el más cómodo, elegante y funcional del país. En esas reuniones había una especie de ritual, que consistía al finalizar la tarde, hacer una ceremonia de preparación de la bebida: seleccionaban el café en grano verde o sea ya trillado y lo escogían grano a grano descartando aquellos que por su color diferente al verde emblemático de la especie Coffea arabica o por tener una forma distinta no tuviera aceptación en la máquina utilizada para tostarlo y molerlo. Lo más impactante de la ceremonia era el tostado del grado, que realizan en ollas de barro, curadas en prolongadas actividades similares. En el ambiente se esparcía una fragancia, aromática y olorosa, que motivaba a las personas para aspirar con fuerza esa nube cafetera y llenaran sus pulmones con el aroma del café. La mayoría de los asistentes tomaban actitudes similares a las ceremonias religiosas o filosóficas de meditación y de elevación espiritual. Se sentían transportados. El siguiente paso de la preparación era pasar los granos molidos por las maquinas de moler y para ello utilizaban los tradicionales molinos caseros empleados para el maíz que tenían una palanca para darle el movimiento de rotación y tenían una argolla o una tuerca grande para regular el tamaño de la molienda o el grado de finura de café. A más grueso el grano, mayor aroma se lograba en la cafetera encargada de la ebullición o el acto de hervir en agua caliente el grano tostado y molido. La máquina encargada de verter el agua caliente sobre la masa del café molido se trajo desde Italia y fue la más famosa de las grecas del momento y fue casi que un emblema para el nuevo hotel.

En el diseño y construcción del edificio el ingeniero Wilhem organizó un sistema de calefacción central, que partía desde el sótano, un recinto muy amplio con iluminación y aireación exterior por ventanales y respiraderos y una tubo para aspirar y conducir el aire hacia una tubería que pasaba por el fogón de la cocina, por el respiradero de la sala de juntas o sala de tomar café y que pasando por cada uno de seis pisos servía como extractor o como dispensador de olores y fragancias y terminaba en el piso superior o terraza como una chimenea normal. Este primer piso de la edificación de ocho niveles demandó de una especial dedicación por parte del ingeniero formado en las escuelas militares de Europa y se basaba en tener toda una infraestructura en acero y hierro y en placas gruesas de cemento, capaces de soportar los impactos o de la naturaleza o hasta un bombardero. En ese amplio espacio del primer nivel había varios sitios destinados para alojar o guardar mercancías, que por sus paredes piso, drenajes y aireación hacia el sistema de calefacción central, proporcionaban las condiciones para preservar mercancías por tiempos largo

El médico empresario consiguió para su hotel vajillas fabricadas en un pueblito cercano a Medellín, en donde había una montaña de arcillas de consistencia y calidad únicas y que eran elaboradas por verdaderos artistas de ese pueblo de maestros en cerámica se llamaba Carmen de Viboral, con arcillas de tal calidad que sus obras eran verdaderas piezas para cumbres y salones muy especiales. Por sus detalles de construcción, de decoración y de acabados fue un verdadero acontecimiento en el campo hotelero, el inaugurado por el médico Clímaco Tobón, diseñado y construido por el ingeniero alemán Guillermo Leader.

Las tertulias con el rito del café, adquirieron fama dentro del contexto cafetero internacional y fueron el punto de partida para que Alemania, se fijara en la calidad del grano de café, producido en el departamento del Quindío.

Una vez inaugurado el hotel, llamado El Embajador, porque tanto el médico propietario como el ingeniero constructor y diseñador así lo calificaron pues era el elemento que postraba la calidad del territorio y era la sede para los visitantes ilustres.

En el salón de reuniones para personajes ilustres o sede de los homenajes a políticos o a personalidades importantes, se hacía valiosa la greca para la preparación del grano y era motivo de admiración la fragancia ambiental de bebida de café.

Curiosamente el grano utilizado para preparación de la bebida en el hotel Embajador, era cosechado y beneficiado en la finca El regalo.

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