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Colombia  |  07 septiembre de 2021  |  12:00 AM |  Escrito por: Edición web

Por el país de las nubes y de las plantas mágicas

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Por Fernando Guerra Rincón

Uno de los viajes al que nos lleva de la mano Wade Davis, en su Magdalena historias de Colombia, es el recorrido fantástico por el país del frailejón y del agua, donde esas plantas “parecen sacadas de los cuentos de hadas” y “las nubes se arremolinan en torno a la montaña y el paisaje desaparece bajo un velo de niebla”, cumbre desde donde se desprenden los grandes ríos que explican a Colombia: principalmente el Magdalena y el Cauca.

Para su travesía se hace acompañar del naturalista William Vargas, egresado de la Universidad de Caldas, uno de esos colombianos cuya vida no tiene explicación racional: producto de sus propios esfuerzos en medio de un país excluyente y brutal, este hijo de un pescador de la Jagua-un poblado a orillas del rio Grande en el departamento del Huila-, pobre, como lo son todos los pescadores que aún viven de un rio degradado para la pesca, termino convertido en un connotado científico. Davis lo compara, por su dedicación e inteligencia, con el sabio Caldas, a quien Murillo ejecutó en Cartagena con la sentencia: “España no necesita de sabios”.

En este ascenso hacia el Macizo colombiano, donde al decir de Germán Ferro -el inspirador del magnífico Museo del Rio en Honda sin duda, uno de los colombianos que más sabe del rio Magdalena- el rio renace siempre. Allí Davis se reencontró con la coca, que por obstinación obsecuente e ignorante de nuestros gobiernos se ha convertido en el más grande problema de la nación por el narcotráfico y la ilegalidad de esta droga.

Ya en sus libros El Rio, Exploraciones y descubrimientos de la selva amazónica (Crítica 2017), un homenaje a su mentor, el científico norteamericano Richard Evans Shultes, profesor de la Universidad de Harvard y el mayor explorador de la selva amazónica del siglo XX y a quién el presidente Belisario Betancur le otorgó la Cruz de Boyacá; y Los guardianes de la sabiduría ancestral, (Silaba editores 2015) había tratado en extenso sobre la coca como parte fundamental de las culturas indígenas.

Sobre la base de abundantes argumentos científicos multidisciplinarios, producto del trabajo de décadas de internarse en nuestra selva amazónica en Bolivia, Ecuador, Perú y Colombia, de Shultes, Tim Plowam y el mismo Davis, comprendieron el lugar que ocupa la hoja de coca, desde tiempos inmemoriales, en el universo indígena de los Andes, que propiciaron desarrollos culturales y la construcción de obras de ingeniería y de ciudades que no había en la adelantada Europa.

Tenochtitlan deslumbró a los españoles, lo mismo que Cuzco, la capital incaica del oro. No había lugares en España, y lo dicen todos los registros de la época, que pudieran compararse con ninguna de las dos capitales. La razón única de la existencia del imperio inca era garantizar estar libres de necesidad y hambre.

Para ellos la coca era una manifestación viviente de lo divino. Sus lugares de cultivo eran santuarios naturales a los que los mortales solo se acercaban hincados de rodillas. La coca jugaba un papel importante en sus ritos y ceremoniales. Los enfermos y los moribundos apretaban hojas en las manos porque si la coca era su último bocado, tenían asegurado el camino al paraíso. Igual que los incas veneraban la planta 2000 años antes de Cristo, también lo hacían todos los pueblos de los Andes.

En el Río Davis hace un recuento de la historia moderna de la cocaína y de los descubrimientos científicos sobre su uso, igual que lo hace Antonio Escohotado en su riguroso tratado Historia General de las drogas (Espasa 1998): En 1846, el arqueólogo Johan Jacob Von Tsudi, que había observado el empleo tradicional de las hojas en el altiplano anotó que “tengo la firme convicción de que el consumo moderado de la coca no solo es inocuo, sino que puede ser de mucho benéfico para la salud”.

El químico corso Ángelo Mariani patentó en 1863 el vino Mariani, una mezcla de extracto de coca y vino tinto de Burdeos, con tanto éxito que Mariani fue responsable de que el Papa León XIII (1978-1903) cargara siempre un frasco de bolsillo con el vino tónico y que presidentes de Estados Unidos como Ulysses S. Grant (1869-1877) y William Mckinley (1897-1899) fueran aficionados a él.

El zar de Rusia, el príncipe de Gales, Thomas Edinson, H.G. Wells, Julio Verne, Augusto Rodin, Henry Ibsen, Emilio Zola y Sarach Bernahartr sucumbieran a sus beneficios restauradores. Esa práctica no los degradó. Que yo sepa, León XIII debe estar en el cielo.

Mariani además creó toda una línea de productos: el Elixir Mariani, una versión más fuerte de su compuesto anterior, es decir, como diríamos hoy, no light. El Té Mariani, un extracto de coca sin vino. Pastas Mariani, unas pastillas para el pecho. Para vender sus productos Mariani, todo un emprendedor, consiguió para vender sus productos el respaldo de la Academia Nacional de Medicina de Francia y de más de tres mil médicos que daban fe de su efectividad. Con el tiempo, el Vino Mariani se convirtió en la medicina más recetada del mundo.

Hasta la CocaCola, la chispa de la vida, la pausa que refresca, se montó en el furor de la coca. Y pronto estuvo en todas las farmacias de los Estados Unidos. Para fines de siglo había setenta imitaciones de la CocaCola, todas ellas con cocaína.

En 1884, Carl Koller descubrió las propiedades anestésicas de la cocaína que se usó por primera vez como anestesia local en la cirugía. Este avance médico permitió su uso en la oftalmología para la extracción indolora de las cataratas. Para la década de 1880, la cocaína se vendía en dulces, cigarrillos, atomizadores, jarabes para gárgaras, ungüentos, pastillas, inyecciones de venta libre. Igual a como pasa hoy con la marihuana en la mayoría de los estados de los Estados Unidos.

La coca y la cocaína se recomendaban en artículos científicos para todo: desde el mareo hasta los dolores de estómago, la fiebre del heno, para el tratamiento de la adicción al alcohol y del opio. Hasta para el placer de la masturbación femenina se indicaba una aplicación tópica para prevenirla.

Después todo corrió por cuenta de la ignorancia, los prejuicios, la intolerancia religiosa, gobiernos complacientes y sumisos con la posición de poder de las grandes potencias que utilizaron a su amaño y en su propio interés geopolítico el asunto de las drogas. En Colombia desechamos todas esas posibilidades farmacéuticas e industriales por obedecer obsecuente al imperio en decadencia y solo nos quedamos con la guerra.

Y en eso estamos: en un eterno fracaso que destruye culturas y somete naciones que solo propician sacrificios inmensos, guerras eternas, muertes, desolación y pobreza. En Colombia, por cuenta de la guerra de las drogas se corroe la institucionalidad, desde la Presidencia de la República hasta la más ínfima y alejada inspección de policía. La política gira alrededor de los intereses del narcotráfico y sus mandamases y la nación toda es escenario de una guerra larvada que produce una masacre cada tres días y en donde la gran sacrificada es la juventud colombiana.

En Magdalena Historias de Colombia, Davis afirma que: “la gran mayoría de los colombianos han sido víctimas inocentes de una guerra alimentada por el narcotráfico. Sin ese dinero negro, fácilmente robado, incautado y dilapidado, la lucha de las guerrillas izquierdistas se hubiera desvanecido hace varias décadas, y la sangrienta cruzada de los paramilitares nunca hubiera empezado”.

Nada más cierto. Este asunto crucial del futuro de Colombia debe abordarse en la campaña electoral que abre fuegos con ópticas distintas a las planteadas desde el gobierno nacional.

El proceso de paz y las inmensas posibilidades que abrió para superar el conflicto sucumben bajo la óptica de la guerra contra las drogas que todo lo degrada, y que va abriéndole paso de forma cada vez más evidente a un posible tercer pico de violencia.

*Todas las afirmaciones relacionadas con la coca y la cocaína en general son sacadas de los esplendidos libros: El Rio, Magdalena historias de Colombia y Los guardianes de la sabiduría ancestral, todos de Wade Davis.

TOMADO DE REVISTA SUR

https://www.sur.org.co/por-el-pais-de-las-nubes-y-de-las-plantas-magicas/

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