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Cultura  |  23 julio de 2021  |  12:00 AM |  Escrito por: Edición web

ENRIQUE SANTOS DISCÉPOLO: EL FILÓSOFO DEL TANGO (Parte 1)

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Ayer y hoy al compás del tango

Por Darío Tobón Montoya

Como ningún otro de los poetas del tango, la vida de los demás seres y la amarga percepción que tuvo de esto desde niño, fue la gran influenciadora en la poesía tanguera de Discépolo. Por tal razón, tengo que iniciar, refiriéndome a su entorno familiar, de donde le llegó esta inquietud. Su padre Santo Discépolo nació en Nápoles Italia, a mediados del siglo XIX. Estudió en el Conservatorio Real y 22 años después arriba a Buenos Aires, donde no pudo desarrollar sus amplios conocimientos musicales. Fue encargado de la dirección de algunas bandas y tuvo conservatorio de escaso prestigio. Su vida fue de estrechez económica. Se casó con argentina, tuvo 5 hijos, el mayor Armando y el menor Enrique Santos (Santos es nombre). Nació en 27 de marzo de 1901. La pobreza rondó su casa. Murió su padre en 1906, cuando Enrique solo tenía 5 años. Su esposa murió 3 años después y el niño Enrique quedó en manos de una tía, donde no encontró afecto ni calor de hogar. Su hermano mayor Armando se hizo cargo de él, al contraer matrimonio. Pero le impuso estricta disciplina.

¿Cómo era Enrique Santos? Un niño enclenque, enfermizo, tímido que tuvo escasa educación formal y antes de llegar a la pubertad ya era actor al lado de su hermano Armando.

¿Cuál fue la influencia de este sustituto paterno? Armando nació en 1887 y murió en 1971. Dramaturgo, creador del grotesco criollo. Esta variedad del teatro se refiere a la puesta en escena del pesimismo, la comicidad grotesca, del clima depresivo, con personajes miserables, pobres, vulnerables, retrato de muchos de los inmigrantes que, como ellos apenas subsistían.

Con poca capacidad de resistencia por su estado físico menguado, por su timidez, por su orfandad temprana, su desafecto familiar, su pobreza, con su hermano mayor metido en un teatro poco aleccionador, ingresa Santos Discépolo a un mundo hostil, sin haber disfrutado de niñez y juventud normales. Fue siempre un ser vulnerable, de mínima resistencia a los avatares de la vida. “Cuando quedé huérfano mi timidez se volvió miedo y mi tristeza desventura”.

A sus 16 años como actor, inicia escritura de obras teatrales. En 1925 con la colaboración de Saldías escribe el tango “Bizcochito” que fue un completo fracaso. Desde muy joven frecuentó la vida bohemia de los cafés. Esto lo relata en el último tango que publicó en 1948, Cafetín de Buenos Aires en el que habla de la atracción que le producían estos lugares: “de chiquitín te miraba de afuera/como a esas cosas que nunca se alcanzan… la ñata contra el vidrio/ en un azul de frio, /que sólo fue después viviendo/igual al mío”. En 1918 estrenó su primera obra teatral y en 1921 apareció El Hombre Solo, la historia de un fracasado. (Siguiendo el grotesco de Armando).

En el año 1926 compone “Qué vachaché” (que vas a hacer) en un viaje a Uruguay. Allí el público quedó desconcertado al principio y después siguió largo abucheo. No entendió el mensaje que trasmitía ese tango: “el verdadero amor se ahogó en la sopa/ la panza es reina y el dinero Dios ¿Qué vachaché? Hoy ya murió el criterio/ vale Jesús lo mismo que el ladrón”. A pesar de que Gardel grabó este tango en 1927, nada pasó.

En 1928 Azucena Maizani, cantante sin rival de esa época le estrenó Esta Noche me emborracho que fue un éxito total. Con ese tango la gente “descubrió” el cinismo de Qué vachaché, lo mismo que el valor del tango Chorra, con muchas palabras del lunfardo que con humor negro da a conocer el engaño y el abandono. En 1930 escribe el tango Yira Yira.

Yirar es el recorrido de ida y vuelta que una mina, una buscona hace en una calle, esperando la llegada de clientes. Por eso se les llama también Yirantas.

La pobreza que tenían cuando vivía con Armando, los obligó a tomar un lúgubre apartamento al fondo de un largo corredor, que simulaba el camino de una yiranta. Ese hecho fue inspirador del referido tango, que le sirvió de comparación con su vida de ir y venir sin sentido, al igual que lo que hace la pobre mujer que gasta suelas y tacones muchas veces sin obtener una guita (moneda).

Con este bagaje tanguero, amargo y realista, a Discepolín lo llamaron El Filósofo del Tango. Por este tiempo apareció en su vida Tania, quien, con gran desparpajo y simpatía, suplía sus falencias de hermosura y de cantante de alto nivel, aun cuando era afinada y sabía darle el tono justo a las canciones de su nuevo compañero. Como era previsible la conquista amorosa corrió a cargo de Tania. En 1929 ya compartían habitación.

Armenia, julio 23 de 2021

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