• VIERNES,  14 AGOSTO DE 2020

Columnistas  |  15 julio de 2020  |  12:00 AM |  Escrito por: FABIO OLMEDO PALACIO

LA NARRATIVA DE LA POBREZA

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FABIO OLMEDO PALACIO

Por Fabio Olmedo Palacio

Comienzo este artículo, manifestándoles a los familiares, amigos de los fallecidos y heridos de la tragedia en Tasajera, mis más sentidas condolencias, pidiéndole al Dios de Colombia, que le dé recuperación a unos y paz interior a los que perdieron sus seres queridos. Este dolor, no nos puede impedir que examinemos un problema grave en el que viven muchos de nuestros compatriotas por causas diversas. Vi las imágenes del accidente, donde al día de hoy se cuentan 36 fallecidos y un gran número de heridos y les confieso, tuve sentimientos encontrados, dolor por esas escenas dantescas que nos partían el alma, viendo como morían entre las llamas un número importante de personas que representaban padres, hermanos, sobrinos y amigos, que tenían lazos muy estrechos en la comunidad, pero por el otro, rabia de ver la impotencia de la policía y del mismo conductor, que les advertía del peligro que se veía venir, y al que hicieron caso omiso a un sin número de llamadas. Al día siguiente se repitió esto, con un carro de pescado que vandalizaron en la misma forma y del que vimos llorar al conductor cuando les advertía que le estaban acabando con el patrimonio de él y de su familia. Igualmente, quiero reconocer que ese dolor fue paliado, con imágenes de estos días en Nariño, Santander y Tolima, donde sucedió lo contrario, abundó la solidaridad, el respeto por lo ajeno, la disciplina, principios y valores que no se vieron en el caso de Tasajera y Barranquilla. Llegan a mi memoria en estos momentos, dos episodios tristes para el país y el mundo, el primero, el tsunami de Japón en 2011 que dejó 25.000 muertes, 3.000 desaparecidos y pérdidas económicas por 300.000 millones de dólares en la recuperación de las zonas afectadas. Me impactaron mucho las imágenes del desastre, pero me conmovió más, ver con admiración y respeto, cómo la población, ante un hecho de esa dimensión comenzó disciplinadamente a recuperar sus pertenencias, a socorrer a los sobrevivientes, y a reconstruir la población y sus vidas. El segundo, el terremoto de 1999, que azotó al Quindío y a una amplia zona del Eje Cafetero, donde murieron 1.600 personas, 250.000 familias afectadas y más de 2 billones de pesos en la recuperación de la región. Fui testigo de la gran solidaridad nacional e internacional y del comportamiento impecable de miles de sus residentes, a pesar de que entre los muertos, desaparecidos y heridos se contabilizaban a sus familiares. Pero en este caso, también conocí, de primera mano, como llegaron personas inescrupulosas a saquear, lo que quedaba de la tragedia, afortunadamente para nosotros, la comunidad se organizó y tuvimos un amplio respaldo del gobierno nacional y de la fuerza pública para impedir que este pequeño grupo de bandidos, se aprovecharan del dolor y el caos en ese momento.

Oía en estos días con estupor, a algunos políticos y medios de comunicación, como atribuían la culpa de estos saqueos, a la pobreza y la falta de oportunidades, pero nunca les escuché ninguna propuesta para solucionar esta realidad nacional. En mi concepto, muchos de estos casos tienen que ver con principios y valores como solidaridad, respeto y hasta caridad cristiana. En nuestra sociedad, se nos viene adoctrinando desde hace muchos años, con una mentalidad de pobres, que cada cual utiliza para distintos propósitos, soy un hombre profundamente creyente, pero la religión con frases como “Más fácil es pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el reino de Dios”, o es mejor ser pobre que rico, o sólo los pobres van al cielo, como si producir riqueza y generar empleo lo castigara Dios. Algunos políticos manejan bien esa retórica o la narrativa de la pobreza, para mantener como electores, a un buen número de compatriotas, echándole la culpa de todo lo que pasa a los demás, son parásitos que cuando tienen oportunidad de legislar o generar políticas desde el ejecutivo, lo único que incuban en la población es odio y resentimiento contra todo, porque es lo que les produce resultados electorales. Las encuestas dicen que 7 de cada 10 latinos, le tienen miedo al dinero, porque se nos metió en la cabeza de mil formas, que tener ambiciones y querer dinero es un problema. Lo más grave de esto, es que estamos cayendo en esa trampa y este es el caldo de cultivo para el caos y la lucha de clases que algunos intentan vendernos. León Tolstoi decía “todos quieren cambiar el mundo pero nadie piensa cambiarse a si mismo” comencemos por nosotros y volvamos por los valores y principios que nos enseñaron, erradicando de nuestro cerebro, algunas taras que nos dejaron, como el estar programados para pensar como pobres, actuar como pobres y tener mentalidad de pobres.

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