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Región  |  04 mayo de 2020  |  12:00 AM |  Escrito por: Rubiela Tapazco Arenas

El último adiós virtual para el quindiano Guillermo Sánchez en tiempos de Coronavirus

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Tanto en Nueva Jersey, como en Cali, Calarcá, Bogotá, Armenia y Medellín los integrantes de la familia de Guillermo Sánchez Monsalve, pudieron por fin despedirlo en medio de oraciones por internet, rostros tristes y ojos llorosos que se vieron en las pantallas, sin la oportunidad de sentarse alrededor del féretro como es la usanza colombiana, darse un abrazo o expresar una frase de aliento a la familia al calor de un café.

El calvario para la madre, esposa, hijos, tíos, primos y amigos del calarqueño Guillermo Sánchez empezó cuando se manifestaron las dolencias crónicas que se complicaron por causa del Covid-19 y fue necesario internarlo en un hospital de los Estados Unidos, rodeado de médicos y enfermeras, sin poder ver y sentir el cariño de sus seres queridos, mientras estos permanecían afuera con el corazón en la mano y el alma en la boca por más de tres semanas que duró la tragedia.

Este hombre de 61 años de edad luchó por salir adelante en una Unidad de Cuidados Intensivos, mientras su familia confiaba y pedía a Dios por su recuperación, con la esperanza de que al siguiente amanecer les dieran una buena noticia y pudieran llevarlo nuevamente a casa.

Guillermo Sánchez se fue de su tierra querida, de su Calarcá donde nació, cuando tenía 21 años y le puso la mejor energía a su trabajo para salir adelante hasta alcanzar el sueño americano y cuando pensó que había logrado el objetivo y se podía retirar a disfrutar, le llegó un visitante invisible e inesperado, para atacarlo con fuerza y negarle su propósito.

Al profundo dolor por la noticia de su muerte, se le sumó a la familia una prolongada espera de varias semanas para despedirlo como querían todos, en el hospital no podían entregar el cuerpo rápidamente, todavía faltaban trámites y protocolos que se extendieron por otras largas semanas más.

El trago amargo por la pérdida de su ser querido era lento, no podía tomarse de un solo sorbo, mientras tanto, el llanto era constante, los rezos daban un poco sosiego, unos calmaban a los otros y así pasaban las horas mientras la espera se hacía larga y muy dolorosa, hasta que del servicio funerario llamaron a la esposa y le informaron que procederían a la cremación y entrega de las cenizas, mientras esa madre en Calarcá no escapa de la tristeza.

Por fin, el domingo todos los familiares de Guillermo Sánchez, aprendieron que ahora los velorios son virtuales, rezaron por su eterno descanso y vivieron una ceremonia nunca imaginada que se ha convertido en una nueva normalidad, no se reunieron en una sala de velación como siempre se hace, ni fueron al sepelio a la iglesia, esta vez todo cambió, no se pudo hacer el ritual como siempre ha sido.

Todos se convocaron por whatsapp y desde sus lugares de confinamiento en diferentes países se dispusieron a despedir a ese ser que se fue en tiempos de Coronavirus, el cofre con las cenizas fue ubicado en el centro de un altar en una vivienda de Estados Unidos, mientras sus hijos y esposa, alistaron las imágenes sagradas, el agua bendita, las veladoras y esperaron al sacerdote que desde Bogotá ofició la ceremonia religiosa.

La tecnología fue una importante invitada y protagonista, nunca esta familia se lo imaginó, pero sucedió demasiado rápido, cada uno tenía su computador o teléfono celular y estuvo conectado, “nos reunimos muchas personas, es increíble que nos hubiera tocado algo así” comenta una de sus tías desde Armenia.

Un sacerdote de la comunidad de los padres Agustinos Recoletos, también integrante de la familia, llevó a efecto la misa fúnebre desde la capital colombiana, mientras los hijos de Guillermo esparcían el agua bendita sobre las cenizas y atendían las instrucciones impartidas en Bogotá.

Vemos entonces, que una de las grandes tragedias que se vive en la actualidad aparte de la lucha contra el Coronavirus tiene que ver con el fallecimiento de los seres que amamos, debido a las condiciones especiales de aislamiento por el temor al contagio del virus.

Las muertes se producen en soledad, sin la compañía de seres queridos, a lo que se suman las medidas de seguridad que impiden las despedidas, la realización de funerales, velaciones y demás rituales necesarios para darle el último adiós a un familiar y poder así, empezar a elaborar el duelo.

En este nuevo escenario de la muerte, esta familia y estos amigos están afligidos, enfrentan una crisis y están creando nuevas historias y viviendo hechos totalmente distintos que intempestivamente cambiaron sus costumbres y su forma de actuar lo que empieza a hacer parte de la existencia humana.

Las víctimas del Covid-19, como los familiares del calarqueño Guillermo Sánchez, han sentido y compartido la solidaridad y apoyo a través de las redes sociales y entre ellos se han expresado sus costumbres, espiritualidad y vivencias personales a través de los nuevos medios tecnológicos y de esa manera gestionan su duelo, siguen existiendo para confirmar que la vida y la muerte también fueron tomadas por la virtualidad.

Las manifestaciones del dolor, el llanto en los ojos del que estamos viendo en la pantalla, el duelo de esta familia, es una experiencia que nos permite reflexionar y ubicarnos en el lugar del otro para recapacitar sobre una circunstancia como esta, en nuestra propia vida y en la vida de quienes hacen parte de nuestras relaciones inmediatas, de nuestros intereses, de nuestros compañeros de trabajo y muchas otras personas.

Elaborar el duelo y adaptarse a la pérdida de esa persona requiere de apoyo, la duración del proceso depende de muchos factores como el vínculo con la persona fallecida, la causa de la muerte y el grado de espiritualidad entre otros aspectos.

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