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Ciencia Y Tecnología  |  13 noviembre de 2017  |  12:00 AM |  Escrito por: Edición web

Cementerio de los libros (2)

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Por Ilda Baoth

Pájaro de piedra

Bibiana Bernal

Premio de poesía Gobernación del Quindío 2016. Cuadernos Negros Editorial. Poesía Volumen 35 de la colección. Fundación Pundarika. Calarcá, Quindío, diciembre de 2016. 66 páginas. Presentación de contraportada por Felipe García Quintero.

Hasta donde he tenido noticias de esta joven calarqueña, de quien cinco años atrás recibí en una finca de Salento varios de sus elegantes Cuadernos Negros, tanto en su interés por publicarle a otros escritores nacionales o foráneos como por sus inconfundibles disciplinas literarias y una vocación poética que parece crecerle desde su infancia, es la poetisa más aventajada de su generación en el Quindío. Con múltiples reconocimientos nacionales y extranjeros. Poco faltó para que le otorgasen el Premio Nacional de Poesía en el presente año. No se equivoca García Quintero cuando afirma de ella: “Por la manera de mirar las cosas y el mundo, se aparta de la tradición nacional, sin desconocerla, por supuesto”. Libro de poemas conexo en sus temas, con fondos llenos de tristeza. Una particular melancolía que busca sin desespero congregar recuerdos de su niñez y su adolescencia, tal vez con el ánimo de encontrarle sentido a preguntas existenciales que la persiguen sin llegar a resolverse. Sus poemas, que formalmente comienzan el primer verso con letra cursiva y finalizan con el último también en cursiva admitiendo otra lectura del texto, son miradas de perspicaz sicología de los hombres y la mujer, de la otredad y del ser humano deshabitado de razones para la felicidad, donde cuestiona con claro escepticismo y bellas metáforas los valores de la actual sociedad.
 

Escribo en el suelo para que no haya olvido

Pedro Elías Martínez

Ediciones Kanora, Calarcá, Quindío, agosto de 2017. Carátula de Javier Pinto Gómez. Ilustraciones interiores de Domingó. Con nota de contraportada escrita por el quindiano Umberto Senegal. 80 páginas.

Aunque mi intención en este espacio dominical es visibilizar mediante reseñas diligentes y periodísticas los libros que de escritores quindianos se publicaron y se publican en mi región adoptiva, sin importar el género ni los temas ni mucho menos las generaciones, con el propósito de llenar vacíos notorios donde algunos pocos columnistas solo se refieren a determinados autores y determinadas obras, hoy me alegra resaltar este libro de poemas de un columnista de EL QUINDIANO: Pedro Elías Martínez. No es del Quindío, nació en Contratación, Santander. Creo que reside en Armenia hace dos o tres años. Escribe minicuentos y según observo en este libro, no resistió la tentación de escribir también haiku, encantadora forma poética de la que yo siempre digo “es más femenina que masculina”, tan divulgada en Colombia por un conocido escritor calarqueño. Madurez de estilo en la forma y en los temas. Madurez en la manera de Martínez hacer poesía con sus vivencias diarias, con su imaginación y también como fruto de sus lecturas y sus complacencias literaias. No son poemas escritos por simple inspiración o balbuceo lírico. Se nota trabajo y plenitud, reflexión, reescritura antes de redactar un verso y conectarlo con otros para consolidar el poema, casi siempre breve. Poesía más joven y vital que la de algunos integrantes del libro Témpora: jóvenes poetas del Quindío, de reciente publicación. Corpus poético redondo, completo, donde aparecen con elegancia el amor, lo urbano, el paisaje, lo elemental y lo metafísico. Uno de los más importantes libros de poesía editados este año en la región.
 

El hombre clave

Henry Acosta Patiño

Aguilar, Bogotá, Colombia, primera edición octubre de 2016. Con prólogo de Vicenc Fisas. Diseño de cubierta Paula Andrea Gutiérrez. 290 páginas. Con varias fotografías internas.

Con el respeto que me inspira el escritor seleccionado para el mural, considero que en la biblioteca pública de Génova habría quedado mejor la imagen del genovés Henry Acosta Patiño. Desconocido para gran parte de habitantes tanto del citado municipio como del Quindío, puesto que salió de estos a temprana edad. Economista, hombre de humanística trayectoria en actividades por la paz de Colombia. El hombre clave es su primer libro. Un documento íntimo escrito en primera persona. Memorias y diario, autobiografía valiente y con evidencias que ayudan a aclarar el panorama político de una época crucial en la historia del país, del proceso de paz vivido por un hombre y su esposa en las selvas, en pueblos, en tantos agrestes rincones de las montañas colombianas y con tanta gente que desfila cumpliendo sus roles históricos de una u otra manera, en uno u otro bando, por las páginas de este libro. Dramático en ocasiones pero siempre ecuánime con personajes del gobierno y las FARC que describe. Inamovible en sus posiciones ideológicas. Un proceso en el cual Henry participó como mediador y fue esencial no solo para crear lazos de amistad y afecto, de confianza, de credibilidad entre los protagonistas, cuya capacidad de discreción y de arbitrar con suma sensatez y ecuanimidad, cuyos testimonios de primera mano e ideas, son imprescindibles para el estudio y análisis de una época específica en la historia colombiana. Los documentos que incluye son material de mucho valor que sirven para juzgar y justipreciar al antiguo grupo guerrillero con criterios diferentes a los propagados por los gobiernos que lo enfrentaron. Henry sigue incansable su tarea, ahora sí visible y reconocido a través de sus conferencias, foros y seminarios por todo Colombia, dispuesto a cosechar los sueños económicos, laborales, de fraternidad y convivencia, de educación y paz que lo animan.

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