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Cultura  |  14 octubre de 2019  |  12:33 AM |  Escrito por: Robinson Castañeda.

El águila Cuaresmera y el cazador novato

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El águila Cuaresmera y el cazador novato

Este texto fue escrito por Angelmiro Ortiz Ortiz, integrante de la tertulia Café y Letras Renata.

Al mirar las verdes montañas Quindianas y recibir el aire fresco en una mañana de principios de julio, mientras degusto una taza de café caliente de suave aroma, mi vista se encuentra con un recuerdo viviente que planea sobre las nubes. ¡Claro! nada menos y nada más que un pequeño grupo de águilas cuaresmeras. El corazón me salta de alegría, me atropella el recuerdo de mi infancia cuando al lado de mis padres, el cielo se llenaba de ellas. Era hermoso y espectacular. Mi Madre decía que aparecían en julio y semana santa, o sea durante la cuaresma, por eso en mi tierra las llamamos águilas cuaresmeras, que además anunciaban la subienda.

Había tantas, que se posaban sobre los árboles cercanos, entonces me cambiaba las chanclas hechas con botas viejas de caucho, cogía la escopeta de fisto, tomaba el pertrecho, que permanecía dentro de una mochila hecha del cuero de un zorro, y pegaba veloz carrera. Me acomodaba con los ojos puestos en el ave, respiraba con profundidad el olor de cacota de café añeja, similar al vino Sansón que tomábamos con galletas para las navidades y soltaba el carramplonazo. (tiro)

Las palomas cuaresmeras son reuerdos

Que se vienen en tropel hasta su mente

Y don ángel nos cuenta su sentimiento

Al saber que aquí también estan presentes.

Quedaba aturdido, envuelto en el humo y sin dar al blanco. Un tanto desanimado, miraba a otro lado donde había más y empezaba a cargar la escopeta. Rápidamente debía cargar con una tapada de pólvora por el cañón del arma, una bolita de fique como taco, bien apretadita para no fallar, los balines y otra bolita. Las apretaba en círculo con una varilla especial que traía la escopeta por un lado y por último el fulminante, o un fosforo, como me había enseñado mi padre cuando íbamos de cacería.

Me acercaba sigiloso y hacía otro disparo, pero de nuevo quedaba con el ardor en la mejilla y los ojos llorosos por el estallido de la pólvora, sin resultados. Por debajo de los arboles estaba el perro, “Nerón”, con un entusiasmo del carajo, por lo que ya me las tenía ariscas y sin sumar que por el afán de cargar, solo le había echado la pólvora.

Me sentaba entonces, bajo un florecido y frondoso árbol de cámbulo con la escopeta en las piernas con mi compañero de caza al lado y ante un paisaje sin igual a ver a las águilas formar círculos sucesivos en espiral, luego salir de él y como si danzaran, formaban otro circulo más adelante y otro espiral después, hasta perderse detrás del cerro buscando las corrientes de aire.

Más la imagen lo devuelve hasta su casa 

Donde la niñez de ayer fue tan bonita 

Y de nuevo los triples y las guitarras 

Traen notas y recuerdos de familia

Mientras humeaba la chimenea de la casa, se perfumaba el ambiente con el olor del café que mi mamá tostaba en una cacerola y las águilas, igual que mis pensamientos, volaban como siguiendo el compás de los torbellinos, valses, guabinas, bambucos, o el acostumbrado pasillo Esperanza del Dueto Ibarra y Medina, que mi padre entonaba en su tiple.

Era contagioso sentir cómo su corazón se llenaba de orgullo chaparraluno al oír la guabina “la Sombrerera” de Garzón y Collazos o el bambuco “El Barcino” de Silva y Villalba, en la radiola preferida de mamá, que además ofrecía temas como: “Yo conozco a Claudia” de Los Hermanos Márquez, “Rancho Chileno” de Víctor Manuel Acosta, “El Cacique y la Cautiva” de Oscar Golden, “Noches de Chicago” de Mirla Castellanos, “La Roncona” del Trio Huaricancha, “Larina” del grupo Entebe e incontables temas que hoy revoletean en mi cabeza.

Fue algo hermoso lo que nos ofreció gratuitamente la naturaleza en aquellos años, pero al Igual que las águilas, también emigré un día de sur a norte y de oriente a occidente en busca de mejor vida. Los vientos me trajeron hasta aquí, donde las vuelvo a ver, ya muy pocas, pero igual de bellas y majestuosas trayendo en sus alas los recuerdos de mi infancia.

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