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La Cosecha  |  13 noviembre de 2018  |  12:00 AM |  Escrito por: Rubiela Tapazco Arenas

El hombre que armado con una guitarra lucha por su espacio

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Son muchos los seres que batallan diariamente buscando ese breve o reducido espacio para desenvolverse y sobrevivir en la cotidianidad, mientras que otros encuentran a sus anchas sus lugares sin mayor dificultad ¡Así es la vida!

Hoy la historia corresponde a uno de los que pertenecen a esa inmensa y primera franja, es un hombre en cuyo rostro se pueden ver las huellas de una prolongada existencia vivida a punta de cantadas que no le alcanzaron para tener holgura en una difícil etapa, como es la que enfrenta en la actualidad.

Sin monedas para pagar el pasaje en un Tinto que va para el sur de la ciudad, el anciano abraza la destartalada guitarra que lo acompaña en esa lucha por conseguir las monedas para el sustento del día, le pide al conductor que lo deje pasar la registradora, pero la respuesta es un rotundo no, el hombre le ruega una y otra vez, hasta que convence a su interlocutor y se sube lo más ligero que el peso de su necesidad se lo permite.

Intervención

Superado el primer y gran obstáculo, el pasajero a quien se le notan en toda su figura, tantos años y dificultades, trata de prenderse rápidamente de uno de los tubos para no caerse con el inicio brusco de la marcha del bus, el conductor sabe que no puede perder más tiempo, luego del intercambio de palabras sostenido con quien no pago pasaje y lo hizo incumplir las ordenes.

El rostro de tristeza del músico es evidente, pero ya ganó la primera batalla del día, con voz baja y débil empieza su intervención, “les pido perdón por las incomodidades que les pueda causar, toda mi vida he trabajado cantando, he viajado por muchas partes haciéndolo, entiendo que a ellos no les permiten dejar subir personas como yo, pero siento que todavía me quedan fuerzas para rebuscarme la vida y será Dios quien me diga hasta cuándo”.

Los pocos pasajeros de este transporte público, lo miran con pesar, expectativa y cierta duda sobre el espectáculo que el artista pueda ofrecer.

Observa y dirige toda su atención en la estropeada guitarra, pone sus dedos en las destempladas cuerdas y empieza su show, se trata de una canción tradicional cubana que hace alusión a la soledad, a lo violenta o tierna que puede ser la vida y a esa esperanza que es lo último que se pierde.

Todavía quedan restos de humedad

sus olores llenan ya mi soledad

en la cama su silueta

se dibuja cual promesa

de llenar el breve espacio en que no está.

Todavía yo no sé si volverá

nadie sabe al día siguiente lo que hará

rompe todos mis esquemas

no confiesa ni una pena

no me pide nada a cambio de lo que da.

Los pasajeros escuchamos concentrados al artista, el viejo entrega su alma en esta canción de Pablo Milanés, el de La Nueva Trova Cubana, se da cuenta que le tomo fotos y su rostro cambia, se le nota el orgullo, está convencido que lo hace bien.

Termina su interpretación, agradece a todos la atención y el apoyo que le podamos brindar. Fue el espectáculo de su vida, creo que ninguno se quedó sin pagar por el concierto, recibe las monedas con una sonrisa y se sienta en el puesto de atrás, hasta llegar al parque del barrio Santander donde timbra y se baja agradecido. Hoy se ganó con creces ese espacio por el que lucha día a día.

 

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